raza humana, fueron tenidos por descendientes de Adán y Eva y se suscitaron muchos debates sobre la rama de la cual habrían podido descender. Algunos teóricos, como Benito Arias Montano, sostuvieron la idea de que ellos eran descendientes de Ophir, hijo de Jeetan y nieto de Sem. Esta idea fue acogida por algunos cronistas del Perú, como es el caso del sacerdote Miguel Cabello Valboa, un contemporáneo de Guaman Poma. La primera parte de la crónica de Cabello examina las distintas dinastías bíblicas antiguas con vistas a probar la conexión entre la descendencia india y Ophir. En esta parte, este cronista da una tabla histórica para el mundo antiguo basándola en la versión hebrea del Antiguo Testamento. Para evitar los resultados discordantes de aquellos que habían tratado previamente de construir una genealogía dentro de una escala de tiempo, él prefiere seguir la versión hebrea de la Biblia «Porque es la más aceptable entre los escritores». De acuerdo a esta versión, desde el principio del mundo hasta Noé pasaron 1.656 años, y desde el Diluvio (cuando empezó la segunda edad) hasta Abraham (con quien empezó la tercera edad), 292 años, lo que nos da un total de 1.948 años. Además de esta versión, también se refiere a los intérpretes que son seguidores de Beda, el Venerable, San Isidoro y otros, quienes sostenían que desde la Creación hasta el Diluvio habían pasado 2.242 años, y de ahí a Abraham 942 años, lo cual da un total de 3.184 años. La diferencia entre las dos cuentas es de 1.236 años. Después de estas versiones, Cabello construye una tabla retrocediendo desde el nacimiento de Cristo y da 3.961 años a la primera generación que siguió después de Adán y Eva y que vivió en los campos de Ebrón, y 2.304 años a.C. al Diluvio (Cabello Valboa 1951: 19-26). Es una característica de las crónicas españolas del siglo XVI el ver a España como una nación escogida por Dios para llevar Su palabra a las tierras descubiertas, y a los acontecimientos de la historia como ligados a los esquemas generales de la Providencia. Esta visión es similar a la noción israelita de ser ellos la gente escogida, pero en el contexto cristiano dicha noción tuvo matices distintos que se hicieron presentes ya desde principios del siglo XV (Castro 1949: parte I). Estos matices están claramente expresados en las palabras de Cieza de León, quien apoya la 203
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