En busca del orden perdido

Rosario Navarro] no puede dudarse de la autoría de un indio cronista; en absoluto creemos la imitación constante, en casi 1200 hojas del estilo lingüístico y discursivo propio de un indígena aculturado, con sus múltiples y significativas vacilaciones ortográficas de trasfondo claramente fonético» (Navarro 2003: 3, nota 4). 44 Rosario Navarro encuentra que en lo ortográfico el estilo de Guaman Poma era muy semejante al empleado por aquellos que ejercían el oficio de escribanos en la segunda mitad del siglo XVI (Navarro 2007: 136). Por consiguiente, es muy probable que este oficio se le añadiera al de intérprete. 45 Este mismo incidente lo narra en Prado Tello y Prado Prado, pero en esta oportunidad se trata de un momento en que todavía no lo daba por perdido sino pendiente desde hacía dos años. El monto a que se alude en esta oportunidad es el equivalente de 100 por 11 vacas y un toro de tres años (Prado y Prado 1991, 2001: ff. 56v y 59r). Según Rolena Adorno, este personaje se desempeñó como alguacil mayor de Huamanga en 1586. 46 Coincidiendo con lo que señalan otras fuentes, Guaman Poma también en una ocasión menciona que la jurisdicción de este funcionario era sobre diez mil tributarios (Guaman Poma 2001: 65 [65]), pero la mayor parte de las veces en que alude al ámbito asociado con el concepto huno esta cifra la eleva a miríadas muy altas llegando en una ocasión, igual que el diccionario de González Holguín (1952: 203), a un millón (Guaman Poma 2001: 111 [111]). Es quizá por esta razón que al funcionario calificado con este concepto se le daba una jerarquía cercana a la del antepasado de nuestro autor indígena. 47 El término tocricoc tiende a confundirse con otro muy cercano que es tucuiricuc con que se designaba a una especie de visitador del Inca que ejercía justicia en su nombre. Sin embargo tienen significados diferentes. El primero se deriva del verbo tocric que significa gobernar, mientras que el segundo del verbo ricuc que quiere decir mirar. El principal aspecto en común, asociado con estos términos, es que quienes lo desempeñaban tenían que tener el estatus de Inca ya sea por sangre o privilegio. 48 Estas funciones serían coincidentes con las que Matienzo da para el tocuiricoc colonial, como puede apreciarse en lo que sigue: «…en cada repartimiento ha de haber un tocuirico [que quiere decir: todo lo ve], que ha de traer vara. Este ha de ser indio, ladino, estrangero, y no de aquel repartimiento sino de otro bien lexos, para que no tenga deudo eon los de aquel repartiniento, y no ha de estar muncho tiempo, porque no se haga con los caciques, y ellos le sobornen para que calle sus tiranías, como ordinariamente hasta aqui han hecho a españoles. Ha de estar un año, o dos a lo más largo, y hále de tomar residencia otro que viniere. Lo que ha de hacer es tener memoria, por escrito si supiere leer, y no lo sabiendo, por quipo, de cuántos indios hay en el repartimiento, y de la edad de cada uno, por casas, diciendo: Juan Coca, indio casado; Juana; tienen cuatro hijos, etcétera. Poner los que son cristianos, y los que no lo son. Ha de dar esta cuenta cada año al Corregidor español del repartimiento, e no le habiendo, a el de la ciudad para que se entienda cuántos se han muerto, cuántos nacido, y cuántos llegado a la edad suficiente para poder pagar tasa. Ha de tener cuidado de cobrar la tasa de cada indio en particular, y no la ha de recibir él solo, sino él y el cacique, y estando él ausente, la segunda o tercera persona, y uno de los alcaldes, y han de echar luego lo que cobraren en la caxa de tres llaves, como luego 197

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