En busca del orden perdido

y 1606, es dable que estos sucesos debieron de ocurrir por estos años. 12 Solo en un manuscrito de una colección privada de Nápoles, donde figura el padre Anello Oliva —pero cuya autenticidad es materia de controversia—, su nombre aparece consignado aunque para negarle la autoría de la Nueva Corónica y dársela al jesuita mestizo Blas Valera. 13 Sin embargo, si tenía este propósito, no queda muy claro por qué Murúa ilustró su manuscrito con acuarelas a color. Dadas las técnicas de impresión que existían en esta época, es imposible que hubiese existido la posibilidad de imprimir a colores. Esto es algo que recién se inicia en el siglo pasado. 14 Donde mejor se percibe la mano europea es en las acuarelas que representan al Jardín del Edén, ya mencionado, y a los Incas y las Coyas. Aunque un tanto más tosco el estilo, es bastante cercano al de los Incas y Coyas que aparecen en el Manuscrito Wellington. A diferencia de las que aparentan ser más indígenas, estas pinturas dan testimonio de un artista que conoce la técnica del sombreado y de la perspectiva. De ello dan cuenta la forma como ilumina los rostros, la naturalidad con que se destacan los pliegues de la ropa y, en lo relativo a la presentación de conjuntos, como paisajes, el uso de distintos planos para dar una imagen de cercanía y de lejanía. 15 Al lado de la figura de Manco Capac, en la esquina izquierda superior, se puede leer el siguiente texto: «Efigies de los Yngas Reyes del Piru. Algunos Historiadores ponen antes de estos Señores Yngas quatro Edades e que florecieron quatro capitanes, el c. Huari Viracocha Runa casado con Mama Huarmi: el c. Huari Runa casado con Mama Pucullo: el c. Purun Runa casado con Mama Sisac: el c. Auca Runa casado con Mama Panchiri Sisac. Otros dicen por su nombre desde el Diluvio hasta el primer ynga ciento y quatro reyes, por noticias de sus quipos...». El que en este caso las edades se conviertan en personajes también ocurre en la Nueva Corónica (p.75 [75]) siguiendo los cauces de un modelo genealógico (Ossio 1977b). Una presentación semejante de estas edades figura en la crónica de Fray Buenaventura de Salinas y Córdova (1957: 15). Asimismo, es interesante notar que la referencia a ciento cuatro reyes coincide con la crónica de Fernando de Montesinos (1957) y con Blas Valera, de acuerdo a una referencia en la crónica de Anello Oliva (1895: 71). A ella hay que sumar que en la Relación del jesuita anónimo, que posiblemente sea este mismo Blas Valera, también hay referencias que concuerdan con esta lista de ciento cuatro Incas, como es el hablar de un «Pachacuti noveno» (p. 167). Este dato tiene además la gran virtud de conectar a Blas Valera y a Montesinos con Guaman Poma, cuya forma milenarista de computar el tiempo lo acerca a los Capac Huatan que describe este sacerdote sevillano y en modo más indirecto al jesuita mestizo (Imbelloni 1944, 1946). En lo concerniente al manejo de esta información por Blas Valera, es también interesante porque hoy se viene discutiendo un manuscrito localizado en Nápoles que habla de relaciones inverosímiles entre este jesuita y el cronista indio. Los supuestos autores del manuscrito habrían sido dos jesuitas, Anello Oliva y Antonio Cumis, según los cuales el verdadero autor de la Nueva Corónica habría sido Blas Valera, mientras que Guaman Poma habría servido solo de pantalla para ocultar la identidad del autor. A la luz de múltiples evidencias, yo descarto esta posibilidad. 16 Este dibujo y la vívida descripción que hace Guaman Poma del ajusticiamiento de este personaje sugiere que él se encontraba en Huamanga cuando este acontecimiento 190

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