servirle en todo lo que se le fuere mandado que es en esta manera, y al tiempo que la a viniere le ayudará a arársela y al acabar lo mismo, y algunas veces le llevará leña a Guamanga, dándole el dicho Martín de Ayala carneros para ello, y por este su trabajo le daba y señalaba un pedazo de chacra llamada Acoucro Pampa, para que siembre él y su muger e hijos mientras el dicho Lorenço Lloquella Pare estuviere en su servicio y no más, y que una casa tenga hecha en la dicha chacra y que se hizo con el consentimiento y voluntad y se entendiere que es mía, pues ayudé a hacerla y se hizo en mis propias tierras como parecerá por mis títulos… (Prado y Prado 1991, 2001: f. 66v). Asimismo, se concierta con los ya mencionados hijos de este huanca Lloquella Apari e incluso con aquel caviña, ya mencionado, llamado Francisco Atacmallco. A estos concertantes se añade, al lado del último de los mencionados, Ynes Quispilla, quienes a cambio de quedarse en las tierras de Cocha Bamba y Sallalli «se obligaron de servir y acudir a todo lo mandado y chacras como siempre» (Prado y Prado 1991, 2001: f. 66v). Páginas atrás me he referido a un relato folklórico y hasta he adjuntado una foto (véase fig. 13) que muestra a Guaman Poma convertido en piedra por haberle negado cebada a un anciano pobre que se la solicitó (véase p. 85). Se trata de una narración muy difundida entre los modernos pobladores de Chupas que, al parecer, circula desde antes que Pietschmann descubriese en la Biblioteca Real de Copenhague la Nueva Corónica. El tema que plantea no es nuevo. Se trata de aquella vieja historia que aparece en las crónicas sobre el anciano haraposo que encubre a un ser poderoso que castiga inmisericordemente a quienes le niegan la caridad que solicita. En esta oportunidad a quien se le presenta es a Guaman Poma, que es descrito como un señor muy acaudalado, dueño de inmensos campos de cebada y otros productos, pero que carece del don de la generosidad tan valorado en un contexto donde la reciprocidad se yergue como un valor fundamental. Al margen de lo adverso que este relato le resulta a nuestro cronista, lo que llama la atención es que, a pesar de que perdió el juicio con los chachapoyas y fue tildado de pobre, su nombre perdura en el área de Chupas como el de alguien que en tiempos remotos poseyó en aquella zona abundantes riquezas. 1 Al respecto, es importante señalar que la carta donde el Rey pide a este Virrey que prepare su memoria lleva como fecha el 8 de noviembre de 1614 (véase Memoria de los Virreyes 1859, I: 1). Todo, pues, apunta a que el último año en el que incorpora 188
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