En busca del orden perdido

honrar y enramar las calles y aderezarlas para las procesiones y limpiar la plaza para los regocijos y toso lo á esto anexo y concerniente, segun y como lo han hecho hasta aqui. Item: Que si alguna vez fuere necesario para la ejecucion de la justicia algun extraordinario, sirvan como por el corregidor les fuere mandado sin tener consideracion, al número que está puesto en las ordenanzas sobre dichas, con que han de servir a la continua; y mando que ninguna otra justicia, si no fuere el corregidor, como está ordenado, los impida, ni ocupe cosa alguna mas de en las sobredichas (Levillier 1929: 107-108). Pero, además de este argumento de mucho peso, al parecer, la presencia de los chachapoyas en la zona no databa de tiempos recientes, como los acusa Guaman Poma, sino de mucho antes. Según Waldemar Espinoza, ellos llegarían a la zona con las huestes de Alonso de Alvarado por 1542 para, como aliado de Vaca de Castro, combatir en Chupas a Diego de Almagro el Mozo quien, confederado con representantes de la nobleza cuzqueña, trató sin éxito de enfrentarse a los anhelos ordenadores del Rey de España: «Transcurrido el fragor del combate [nos dice Espinoza] a los chachas que colaboraron con él no se les permitió regresar a su tierra de origen, a Chachapoyas. La autoridad española les pidió quedarse en Chupas mismo, en el lugar llamado Chiara, para que juntamente con los mitmas cañar de allí constituyeran una guarnición permanente de ayuda y de apoyo a las fuerzas leales del rey de España en caso que futuros acontecimientos así lo exigieran» (Espinoza 1978: 234). Frente a estos privilegios, alegar que Tupa Inca Yupanqui era la fuente de derechos a la propiedad de la tierra difícilmente podía tener mayor peso. Peor aún tratándose de mitimaes que de Huánuco habían pasado al repartimiento de los Rucanas Antamarcas y de aquí a la ciudad de Huamanga. Al parecer, aunque los caviñas eran incas, pero de privilegio, y remitían sus derechos en parte a la Monarquía cuzqueña, más beneficioso les resultaba hundir sus raíces en una etapa anterior a los de estos últimos y proclamar que fueron vencedores de los angaraes antes de la llegada de los reyes Incas. Si a estas dificultades de sus compoblanos andamarquinos se añadía el haber sido expulsado de su provincia, para nuestro cronista el panorama se presentaba más grave. Sin embargo, no fue corto el tiempo que la pasó 185

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