En busca del orden perdido

Como bien señala Rolena Adorno, «Obviamente, no se cumplió esta sentencia, porque Guaman Poma, evadiéndola —ya sea por huida o soborno— sobrevivió para contar sus peripecias en la Nueva Corónica» (Adorno 1995: 35). Para ella, haberle dado doscientos azotes hubiera significado su muerte, pues cien bastaban para tal efecto.59 Como sobrevivió y, al parecer, no se movió de Huamanga —pues nos ofrece un relato muy detallado de la ejecución de Solis Portocarrero en 1601 que difícilmente lo hubiera logrado estando ausente—, es posible que sus buenas conexiones le valieran para moderar la sentencia. Pero de que alguna sanción recibió, no cabe la menor duda ya que en la Nueva Corónica, en la página 904 [918], confirma el resultado adverso que tuvo aquel juicio con los chachapoyas. Es muy probable que en consonancia con este corolario, el nombre de los Ayala no lo veremos figurar más en los futuros litigios que menciona Y no ay rremedio. Sin embargo, su recuerdo permanecerá en el topónimo Andamarca que hasta la fecha mantiene su vigencia plasmado incluso en la cartografía contemporánea, como podemos apreciar en el mapa 4. ¿Cómo un indígena que al parecer gozó de tanto poder pudo perder tan ignominiosamente con los chachapoyas? En realidad, pareciera que no solo fue con ellos que perdió, sino contra un conjunto de personas, muchas de ellas con posiciones influyentes, que aspiraban a ocupar un espacio dentro de las propiedades que reclamaba nuestro cronista y los caviñas. Algunas de estas personas, por ejemplo, eran los hermanos Cristóbal Peña y Gerónimo de Chávez, propietarios de importantes encomiendas tanto en las áreas aledañas a la ciudad de Huamanga como en la región de los huancas. Otra era Fernando Alonso Alvites, hijo de Hernando Alonso de Badajoz, descendiente, a su vez, de Juan Alonso de Badajoz que fue uno de los compañeros de Francisco Pizarro en la conquista del Perú. Era esposo de Andrea Solis de Aliaga cuyo padre, Gaspar Solis, había sido tesorero de Su Majestad de la Casa de la Moneda de la ciudad de los Reyes y cuñado de Antonio Mañueco que, como heredero de Juan Mañueco, se hizo concesionario del repartimiento de Quichuas y Aimaraes que contaba con 3.980 tributarios. Una persona más era el ya mencionado Miguel Palomino, que fue alguacil mayor de Huamanga por 1586 (Adorno 2001: 180

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