disfrazados de mujer. Un contingente se fue a Puno (Prado y Prado 1991, 2001: f. 57r) y otros, como los abuelos de Juan Chaguay Guaman, se establecieron en la localidad de Pata, y fueron confirmados en la posesión de sus tierras y arboledas por el décimo Inca ya mencionado (Idem 1991, 2001: f. 65r). Los derechos de estos caviñas debieron quedar tan bien consolidados que los mismos chachapoyas que pleitean con Guaman Poma declaran que con los Cauinas somo amigos, y conformes, que primero estaban en estas tierras antes de la reducción porque estas eran naturalmente de los Angaraes, é porque no tenian Justias se confederaron con nosotros, y este falso yndio Felipe no tiene derecho alguno, é asi lo dicen estos yndios naturales de esta tierra de Chupas, e Rantavilca que es un sitio chiquito sobre un mogote corrales antiguos (Zorrilla 1977: f. 25v).55 Más aún, años después, por 1607, de la vasta gama de indígenas que figuran en el litigio, solo caviñas quedan en la zona batallando por sus derechos. Al parecer, los jesuitas habían sentado sus reales en la región, pero todavía no alcanzaban a tener el control total de todo el territorio.56 Aparte de reaparecer el nombre de Juana Chuquitinta, que ostentaba ser una descendiente de Juan Tingo, pero esta vez como si fuera un varón con el nombre de Juan Choque Tinta, se hace mención de un Francisco Atac Malco de quien se dice era cacique principal de Chupas, de ascendencia caviña (Prado y Prado 1991, 2001: f. 69v) y de tres o cuatro ancianas que aducían ser naturales de un pueblito abandonado y poseedoras de unas tierras llamadas Cochabamba las cuales sumaban seis topos de regadío, pero de calidad precaria por ser heladizas. Sin ánimo de perjudicarlos, los jesuitas consienten en respetarles su propiedad añadiéndoles una porción adicional a las ancianas con la condición de que a su muerte revirtiese a ellos. Sallalla y Antapalca, que estaban al lado de un arroyo, las reconocen como pedazos de tierra de plena propiedad del cacique. Al parecer, derechos previos sobre todas estas tierras los adquirió este último gracias a una concertación que estableció con Martín de Ayala a cambio de ofrecerle su servicio, quizá como yanacona (Prado y Prado 1991, 2001: f. 66v). Diecisiete años más tarde, en 1624, se reanudan los trámites legales pero esta vez es para cumplir lo acordado en 1607, es decir, vender las tierras de 175
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