En busca del orden perdido

lana, los más dellos sin cabellos: y por la cabeza se dan buelta con una trença negra. Los pueblos tienen en las sierras, hechas las casas de piedra. Tuuieron antiguamente un templo en gran veneración: a quien llamauan Auçancata: cerca del qual dicen que sus passados vieron un ydolo o demonio con la figura y trage que ellos traen con el qual tenían su quenta, haziéndole sacrificios a su vso. Cuentan que las ánimas que salían de los cuerpos yvan a un gran lago: donde su vana creencia los hazía entender auer sido su principio: y que de allí entrauan en los cuerpos de los que nascían (Cieza 1984: 268). Santa Cruz Pachacuti, a su vez, nos trae a colación una historia en la cual un indígena de la etnia capacuyo, haciéndose pasar como caviña, intenta matar a Pachacuti Inca. A consecuencia de semejante atrevimiento, Pachacuti asola a los caviña, pero cuando descubre a los verdaderos responsables, también los castiga. Quien figura como instigador es una huaca de los impostores llamada Cañacuay. Esta les impide el ingreso al Antisuyu ardiendo como fuego. Paralelamente hace su aparición una serpiente que los atemoriza, pero que es vencida por una auancana o águila (Pachacuti 1993: f. 23r). La ubicación que este cronista le otorga a los caviña es Quiquijana, al sur del Cuzco, que encaja con la orientación del Collasuyu. Durante la época de la Visita del virrey Toledo, por 1572, aparecen distribuidos en dos repartimientos en el Cuzco; y en Ayacucho, en un repartimiento que era de Gerónima de Chavez, viuda del capitán Peña y de sus hijos Cristóbal y Pedro Luis Peña de Chavez. Estos nombres son significativos pues, aparte de haber sido también dueños del repartimiento de Urin Guanca, reaparecen constantemente en Y no ay rremedio como dueños de propiedades colindantes a los terrenos que reclama Guaman Poma y Juan Tingo en Chupas. En consecuencia, la presencia de los caviñas en Ayacucho no solo se reduce a un pequeño grupo familiar establecido en Chupas, sino que motiva un repartimiento que llega a tener como seiscientos indígenas, de los cuales ciento cuatro eran tributarios. Como se desprende de los argumentos legitimadores que se dan en Y no ay rremedio, sus derechos se remontaban a una etapa anterior a la llegada de Tupa Inca Yupanqui, cuando logran doblegar a los angaraes que estaban establecidos en la zona. Al parecer, la arremetida fue muy violenta al punto que unos huyeron 174

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