elaboración de todo su trabajo. De hecho, ciertas alteraciones en la numeración de las páginas —debido a inserciones— sugerían la presencia de etapas en la construcción del documento. Pero más importantes aún eran ciertos párrafos escritos en tiempo presente que correspondían a etapas históricas muy anteriores (véase cap. I, p. 49). Desafortunadamente, no podía ir muy lejos con estas elucubraciones, pues solo disponía del facsímil hecho por Paul Rivet, ya que al original de Copenhague solo accedería muchos años después. Hoy el proceso de construcción de la Nueva Corónica es un tema que se ha vuelto atrayente y sobre el cual se han conseguido avances muy interesantes. Una muestra de ellos son los aportes de Adorno y Boserup quienes, valiéndose de una aproximación codicológica, ofrecen numerosas sugerencias como la que hemos visto sobre la autoría de un individuo y otras que tienen que ver con preocupaciones finales que desarrolla el autor y que asoman en los añadidos y enmiendas que este inserta. Si bien no estoy tan seguro de algunas de sus conclusiones, su análisis abre nuevos derroteros al hilvanar variables nunca antes conjugadas. Entre estas figuran: la identificación de la calidad del papel a través de los sellos de agua, la organización y el volumen de los veintiséis cuadernillos, los tipos de enmiendas o añadidos y su ubicación en los cuadernillos, la distribución de la numeración de las páginas y sus respectivas correcciones, las correspondencias con el índice y otras más. De las múltiples sugerencias que ofrecen simpatizo mucho con aquella donde señalan que: «Cuadernillo por cuadernillo, el planeamiento y ejecución del libro que hizo Guaman Poma es notable. La regularidad de los primeros veinte cuadernillos, todos ‘grandes’, revela que copió su obra en las páginas de los cuadernillos preparados con un patrón y arreglo bien diseñados antes de su ejecución» (Adorno y Boserup 2002: 49-53). En otras palabras, lo que se desprende de su análisis es que antes de volcar sus borradores Guaman Poma reunió el papel que dispondría para su manuscrito doblándolo para conformar un número determinado de cuadernillos. De los 26 cuadernillos que figuran cuando se concluyó la obra, al menos 20 habrían formado una especie de machote inicial. Si a esta observación añadimos otra que nos hace José Cárdenas sobre el hecho 17
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx