En busca del orden perdido

sirvieran al corregidor en guisa de brazos mediante los cuales alcanzara a atender a todos los negocios por distantes que se hallaran de su capacidad. La finalidad de tales auxiliares, por tanto, consistía en la de cooperar con su principal al objeto de conseguir una mayor eficacia en la misión que la Corona confiaba a estos, ayudándolos materialmente». Prosiguiendo con la descripción de estos colaboradores, Lohmann señala que: «En primer término figuraban los tenientes, que ejercían funciones por el corregidor en virtud de delegación revocable en todo instante. La existencia de los mismos venía impuesta por la extensa área que abrazaba cada distrito, integrado generalmente por un número indeterminado de núcleos urbanos. En el principal de ellos residía por modo permanente el corregidor; en los restantes, considerada su importancia, constituía tenientes, cuyas funciones y cometido eran por cierto completamente diferentes de los que desempeñaban en la Metrópoli sus similares, que eran propiamente consejeros o asesores del corregidor. En el Perú eran unos simples ejecutores de las órdenes promulgadas por su principal, meros mandatarios con ejercicio restringido a un reducido espacio de la comarca, y, en fin, ayudantes en la cobranza de tributos». Sobre los impedimentos para desempeñar este oficio se nos dice que «no podían ser escogidos los encomenderos, los parientes de estos o del propio corregidor dentro del cuarto grado, los criados y demás personas que del mismo dependieran, ni los funcionarios fiscales … En las posesiones ultramarinas, este requisito se cumplimentaría proponiéndolos ante la Audiencia cuyo distrito estuviere situado el corregimiento» (Lohmann 2001: 437- 439). Nada se dice de si otro impedimento para ocupar estos cargos era ser indígena. Al parecer, ninguna otra fuente, aparte de la Nueva Corónica, asocia a indígenas con este puesto. En esta última, no solo su autor aparece desempeñando este papel, sino un par de curacas que no necesariamente tenían la jerarquía más alta en su jurisdicción. Uno ya mencionado es Francisco Guaman Guachaca que, como su abuelo Juan Guaman Guachaca, hereda el curacazgo del ayllu Urin Chanca del repartimiento de Andahuaylas. El otro es don Martín, capac apo, Quicya Bilca de la «prouincia de los Angarays, Chocorbos de Uaytara Santiago, Yauyos y de 145

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