En busca del orden perdido

Córdoua, Bilcanchos» que era sobrino legítimo de «capac apo don Diego Quicya Bilca, hanan yauyo, de Santiago de Qiurauara» (Guaman Poma 2001: 809 [823]). Este Diego Quicya Bilca también figura representando a las «segundas personas» en una secuencia jerárquica de curacas coloniales que Guaman Poma modela de acuerdo al antiguo sistema decimal de autoridades utilizado por los incas (Guaman Poma 2001: 738 [752] y 760 [774]). Una vez más, carecemos de terceras fuentes que nos hablen de este personaje para saber el rango y funciones que ejercía en su jurisdicción. Sin embargo, si efectivamente su autoridad se extendió a la provincia de Angaraes, Chocorvos de Huaytará y Yauyos, no fue solo a un repartimiento, sino a por lo menos tres que debieron formar una unidad política tan amplia como aquella de los Rucanas Antamarcas, Hatun Rucanas, Soras y Circamarcas, con la cual nuestro autor trata de asociarse. Es decir, debió ser un corregimiento, pero para el cual no contamos con mayores detalles sobre su existencia. En todo caso alguna jerarquía significativa debió tener este personaje pues un antepasado de él figura entre los representantes del Chinchaysuyu de aquella embajada que, según nuestro cronista, «le dio la paz» a Francisco Pizarro cuando arribó a tierras de los incas (Guaman Poma 2001: 550 [564]; véase fig. 28). 146

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