conocidas como mita o turnos. A ellos me los imagino como los típicos campesinos sumidos en un mundo de tradición oral, de relaciones interpersonales, orientados a una producción de autoconsumo, con escasa orientación comercial y, por lo tanto, con acceso a limitados recursos monetarios y a bienes que estaban reservados a los europeos o a las autoridades indígenas. Guaman Poma, por el contrario, como lo sostiene no solo él mismo cuando nos habla de sus vínculos con el célebre Cristóbal de Albornoz, sino algunas fuentes ajenas a sus propios escritos, se desempeñó como intérprete, especialmente de aquel religioso juez de tierras llamado Gabriel Solano de Figueroa. Ejercer un oficio de esta naturaleza no era algo que estaba al alcance de cualquiera, sino solo de indígenas privilegiados. Aún más si a esta capacidad se sumaba el leer y escribir.44 Por los documentos que hablan de su actividad como intérprete, vemos que ello le suponía moverse por distintos medios. Unas veces estaba en Huamanga, otras en Quinua, unas más en Jauja y así sucesivamente. Semejante capacidad para circular, obviamente, debía suponer contar con holgados recursos monetarios que le permitieron adquirir propiedades en muchas partes, como ya tuvimos la oportunidad de ver. Por otro lado, no creo que cualquier indio anduviese por ásperos caminos con quinientos pesos, que terminaron robándoselos, como él mismo afirma. El ladrón fue el lucanino Juan Capcha a quien, como vimos, le dedica acusaciones de muy grueso calibre (Guaman Poma 2001: 890 [904]). Tampoco cualquier hombre común hubiese podido ser poseedor de dos caballos valorados en cincuenta pesos cada uno, que también le fueron robados, esta vez por un sacerdote llamado Martín Arteaga y, asimismo, una «…caxa de rropa, camisas y fieltro y otras cosas…» robados esta vez por otro sacerdote llamado Francisco Caualleros y «… una caxa serrada de mi pobresa y con otras menudencias …» (Guaman Poma 2001: 905 [919]). O, finalmente, que le prestase doscientos patacones a un hombre rico llamado Miguel Palomino quien, a pesar de haberle dado «célula», nunca se los devolvió (Guaman Poma 2001: 904 [918]).45 Pero así como circulaba por distintos lugares, los oficios que ejercía lo llevaban a servir a distintas personalidades. Como él mismo dice: 142
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