El zorro de todos los caminos

na zorra fornida, con una pata dañada, salió de las sombras. Sus orejas eran como picos de montaña, y su pelaje, rojizo y marrón oscuro. Al ver a Atoq observando los dibujos, le habló: —Eso se llama chaku. Es una forma antigua de cazar donde todos colaboran. Rodeamos a los animales y tomamos solo lo necesario. Así, nadie se queda atrás. Se acercó con unas bayas silvestres y una piel seca para dormir. —Mi nombre es Nina. Puedes quedarte esta noche. No hay mucha comida..., no es época de chaku —añadió. Al amanecer, le pidió ayuda para pescar en el río. —Si alguien te da algo, tú también debes darle algo a cambio —añadió, mordiendo el pescado que Atoq había atrapado. Luego de saciarse, Atoq no pudo evitar preguntar: —¿Si hay poca comida, por qué la compartiste? ¿Acaso tu manada no pelea cuando hay poco que comer? Nina lo miró con serenidad. —Antes no era así, pero aprendimos que es mejor cuidarnos entre todos que pelear. Compartir no es un favor, es vivir en equilibrio. Atoq se quedó en silencio. En su manada también compartían, al menos cuando podían. Pero en los malos días era difícil. Aquello era distinto. Y le quedó una idea rondando por dentro: recibir y ofrecer. U 19

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx