El zorro de todos los caminos

iento lo llevó a conocer a los animales de la costa: leones marinos, aves pescadoras y otros zorros. Algunos eran grandes, otros pequeños. Hablaban distinto, se movían distinto. Atoq notó que no se parecían a los de su manada, pero Viento le explicó que ser zorro no era cuestión de cómo se veían, sino de lo que compartían: buscar alimento con astucia, cuidar a los cachorros, resistir el camino. Eso, dijo, es lo que los hacía zorros. Atoq observó a los demás animales. También ellos cuidaban, también resistían. —Quizá hay cosas que todos compartimos —dijo. Viento asintió. —No todos somos iguales, pero todos necesitamos algo parecido: cuidar de los nuestros, calmar los miedos, encontrar nuestro camino. Entonces Atoq habló de su manada, de cómo debían moverse para sobrevivir. Dijo que quería volver a la tierra de sus ancestros para quedarse allí para siempre, en un verdadero hogar. Miraron el mar en silencio. Viento sonrió suavemente. —Creo que tienes que seguir tu propio viaje para descubrir... o recordar dónde está tu hogar. Atoq le dio las gracias, con una mezcla de confusión y esperanza. No lo comprendía del todo, pero algo en su pecho se encendió. Y así, con el viento a sus espaldas, siguió su camino. V 14 15

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