El Recreo
~ ==============;:E~L==:R~E~ C~R~E~0~===========89=~ EL TESORO DE LOS INCAS. LEYENDA HISTÓRICA. IV aqüellos que se dan tí buscar maravi-= lfas. Habiase imaginado que las mi– nn,s del Perú eran gruesas venas de pla– t~· y orn abiertas al cincel de quien qui– siera cortatlas; y halló el hurgo y pro– lijo trábájo qu.e ana,nca á lá tictrt:t sus Hácia los ttlti.mos aüos del reinado rocallosas entraúas para pulverizarlas y de D. Cárllos III, vivía en un::i, villa extrn,er grano á grano el precioso me– de Aragon el hidalgo Alonso de Mal◄ tal que él creyó encontrar amontona– donaclo. Era este uno de esos nobles de do en su rica superficie. rica alcurnia y escuálida, h acienda,; con- Vió, es verdad, muchos hombres en– decorados con reales órdenes, pero de riqueciclos en aquellas labores; p ero e n escarnela tan limpia como l o3 blasones ellas . habian empleado muchos [tu.os; y ele su escuelo; caballeros ele Calatntba ó él no tenia tiempo que perder: era ne– de Alcántara cuyo aguje'.:eado manto Ye- cesario ac1eLrntarse á su rival y volvei· nian á remendar sus hijos con el oro án.tes que él á España. <le la América, y muehas veces n cos- Diego cambió ele camino, y se en– tn, de infamias y de crímenes. La casa tregó á la inve::;tigacion de los t efwros solariega de Maldonado, negra y der- ocultos. Aprendió la qi1,ich1.w, el aima?'á ruida como la fortuna de su clueúo, t e- y la extraüa lengua de los chirih11,anos, nia por vecino el opulento pahcio de y visitó ln,s ciudades y pn,rajes ele nom– Valdeneira p ertenecient e al marques el braclia histórica en el alto y bajo Pe– este nombre; viejo palaciego á quien rú. Trabajo inúfü: lo único que r ecoj ió cada año traia el estío á morar algu- fué cuentos fantástícos, deslmnbraDtes nos clias en sus tiernrn. Con él rino tradiciones que avivaban 1rnsta la rabia una vez la hermosa Eléonora de Aran- su sed de Tántalo en la tierra ele los da, su pupila radiante, aparicion 9-ue ricos venei-eos. derramó luz ~y alegría en l fl, tnste A mediados clel segundo aüo del pla– villa, y ií, la que no pudieron ver ~in zo fatal, Diego falto ya ele r ecursos , llegó amarla los dos hijos de Maldonado, Die.. por fin al Cuzco. go y Sancho. . . . . . ,, Aquel suelo misterioso encerraba su Y hé ahí que la chscorcha chv1d10 aque- última espe1·anz a . Traía en la memo– llos hermanos, que desde ese momento ria un precioso itinerario adquirido ele se acecharon, aborreciéndose con un una estraña manera, gracias á, su co– odio mortal. nocimiento de l as lenguas americanas, Pero aunque nobles , ninguno ele ellos que debia conducirlo á la pose:::Üon de podia .aspirar á la mano de ~a bella una inmensa riqueza. pupila del marques de Valdeneira; por- Una noche Diego se babia extravia– que Eleonora, c1escenc1iente de una de do en el intrincado laberinto de una cor– las mas ilustres casas de Espaü:?u, ca- dillera, buscando un cerro donde segun r ecia ele bienes; y por tanto debia _ha- la tradicion se ocultaban once llamcis cer un matrimonio rico, que le die1·a cargadas ele oro que los indios lleva– los medios de ocupar en la córte el pues- ban para contribuir al rescate de su to á que la llamaba su nacimiento. rey, y que enterraron vivas en el mis- Un clia Diego oyó á su hermano de- mo paraje donde los encontró la noti- cir á Alonso de Maldonaclo: cia de la muerte de Atahuallpa. -Padre: necesito riquezas, y para Nevaba, y los gruesos cópos acumu- tacar oro, y oro y oro, durante los ocho dia/3 que yo tardé en guardiulo, cuando pagué diez piñas á la n,badesa, y la enven ené esa noche para que no se le an– tojara, mover la lengua ó las ma,nos .... Qué nüdo es e!=JE.J? El oido aguzi:tüo de la ciega percibia en efecto lo que Diego oyó despues : man pasos de caballos que se acercab an . El codicioso arngonés, que inclinado sobre el rostro terroso ele la moribun– da recogía anciosamente cada una de sus palabras; miró por las rendijas de ,la puerta y á favor ele la luz que prn– yectaba el blanco mate de la nieve, vió acercarse un hombre á caballo prece– dido por un guia que corria á pié de– lante ele él. El ginete venia envuelto en un manto n egro. 1\falclonaclo reconoció al cura de quien hablaba la moribunda ciega, al cura, á quien habia h echo ella venir para des– cubrirle doncle yacían sus guardadas ri– quezas, y que ahora llegaba, iba á en– trar, hablarla, y bajo la presion de su influencia sacerclotal, arrancarla el se– creto que él acababa de sorprender; ese secreto, su única esperanza, el solo me– dio de poseer á Eleonora ...... Una nube roja, pasó ante los ojos de Diego, y sus sienes latieron como ba– tidas con un martillo. La moribunda se agitó en su lecho de n,gonia. -Quién ha hablado afuera? murmu– ró: Es la voz ele Sebastian! Y este que se halla á mi lado quién es? Sebastian !...... No pudo decír mas: una mano convulsa asió su garganta y la ahogó. Cuando el cura y su guia entraron en la chosa encontraron á la ciega ya cadáver, y á un hombre taeiturno y sombrío sentado al lado del fuego. EL PICAFLOR. adquirirlas voy á la córte á solicítar un lados sobre la tierra habían cegado los P~jn.ri1lo alegre e mr)leo en Mé_J·ico. . caminos. Que de rama en rama Aquellas palabras fuernn para el n- Vagando de quebrada en quebrada, ¡ val de Sancho un rayo ele luz. En efec- Diego vió brillar á lo lejos una luz, y Dó el placer te llama 1 · ' l 1 · Acudes velóz, 1 1 to , ¿por qué no habia t enido tar_:nbien e a á ella dirigió sus pasos. l 1 d . 1 l Y á ]a flor velóz, . 1\ misma idea? ¿por qué no habrn pensac_o Era e fuego que ar ia en e 1.ogar '\ en esa clo11iiis áurea que se llamaba Ame- de una choza. Diego encontró en ella, ~tfe c~::\ 1 1: ~:~e]eso, rica, de donde podia sacará plenas manos sola y moribunda á una anciana ciega , Nunca le dás dos. oro para comprar el amor de Eleo1;1-~- que al sentir sus pasos volvió hácia él ra? Sí! iría allá, y con mas probab1h- sus ojos sin mirada, y esclamó con voz Dime ¿porqué tocas dades de buen éxito que su hermano, apagada: La nítida y pura, 1 por que no se detendría en los medios. -Sebastian! cuáinto has tardado!-Y Si tu amor no durn, Solo que, como sabia que Alonso no le sin esperar 1·espuesta continuó, sin du- Si presto te vás, _·¡ p ermitii-ia dejar el reino, pues como da bajo la influencia de su desvarío-. y en rápido vuelo i scgundon de una casa noble se debia -No viene el cura contigo? Tanto Voluble y contento j a,l ejército, partiría . en secreto..- Aque- mejor! despues que te fuieste he pensado Con gi acioso acento llo sería una c1eserc10n; pero Diego de- qué si yo le descubro á él donde guar- El adios le dás ? seaba mucho á Eoleonora para anclar- dé yo los tesoros que mi padre sacó ~e con escrúpulos. Sancho había pedi- de la laguna de Horcos, no se acorda- ¿ Acaso es que en e11as do á su padre un plazo · ~e dos años rá de decirme un responso por la pri- No encuentras constancia, para enriquecerse: él necesitaba darse sa de ir de aquí en un solo galope al O es su tolerancia prisa pa,ra ganarle la mano. Cuzco, desmontar en la puerta del con- Ln que te hace huir, y Diego huyó de España y se vino vento de las Nazarenas, colocarse en la Y de unas en otras á América. iglesia, como que puede hacerlo á toda Batiendo Jas álas Al llegar al nuevo continente encon- hora, levantar la tarima del altar ma- Tn encanto y tus galas tró todas las decepciones que prueban yor, cavar tres varas de profundidad y Les q,uieres lucir ? ~~- ~ ===================================================~di
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