El Recreo

lo, ahogairon en Sll alma los gemidos del remordimiento. __¿Quién en~ el ho_mbre por el que la h1Ja del camque v10laba su juramento y . traicionaba á su padre y á su pá– tna? JuANA MANUEL.A. GoRRITI. (Continuará.) EL PROGRESO. Escri,to expresamente para, "El R eereo." ¡ Progreso ! Hé aquí una pafabra que simboliza la grandeza del hombre y ante la cual se ensanclrn el alma y se abisma b inteligencia, en un mun- 1 do desconocido de allrngúeüas esperan– , zas, que nos son.rien, aun en medio de los dolores y las decepciones de la vida. Ln,s grandiosas é incesantes mani– festaciones por las que ha pasado el espíritu humc""tno, son la espresion mas , v~ ·,-t y elocuente de ln, gran 1 y del progreso. No intentaremos seguir aquí en todas sus trasformaciones, su mar– cha, constante y providencial, y ,1, cu– ya .realizacion la lmnrn,nida,c1 trabaja in- 1 cesantemente: tarea és esta tan ardua, que está fu era de los límetes ele un artículo de periódico; apénas podremos expresar nuc;;stra fer iente aclrniracion 1 por est8J iclea, á la q~1e tributamos re– lio-ioso culto, fo.rtaJecúlo con toda la f1~e.rza de nuestras conviccion•_' s. Para m1rra.r los h echos qüe forman la historia del progreso, seria necesa– rio emprender la colosal ta.rea ele segi.r á la h umanic1ad en todas sus fo,– ces y evoluciones; trnto en sus gra,n– des y tremendas luclrn8, e-nanto en sus magníficos y asombr?~os a,delanto~-. Con ' las unas se ha fortihca,do, adqmnendo cada dia nuevos teso.ros conquistados en el campo fecundo l~e la cienciít; con los otros ha tomado nnevo impulso pa– ra lan;1,a,rse auda,zrn.ente en la, senda del porvenir. . . La i<lea él.e progresar Simbohza to- do los s,:mtimientos 1rn-1s nobl es y ele– vados del coraz.c,n humano. En la in– fancia de la humanipc1d, esta idea no lrn,hia aun fecundado h inteligencia del hombre; ha SLc1o n ecesario una larga y p enosa ineuba.cion :para que e-Ha haya dtfundiclo sn luz bienhechora. L ·1 idoa ele progreso, es la pá.jina mas brilla,nte ele la historia. Es la, s'.mcb hfi– ci;.t á la que se han agrupado todos los g _mios 111i1iS elevados que ha~1 ilumina– do al munclo, llevando en su mente el ideal sublime de la p erfectibilidad hu- mana. ¡ Ideal divino ! que es la aspirac_ion mas santa y gen erosa qne puede 1m- 1 pulzar al hombre á su engrandecimien- to. Borrad el ideal del progreso y ha- ureis roto el resorte mas pode.roso que ~ --_----==-- mueve la gran máquina h1Unl.llna,. que llamamos murnlo,. Cuando nos dejarnos fascinar por el atractivo del bello ideal de la p el'fec– tibilidad, olvidamos n.ue" tras miserias y dolores, y gozam os la felicidad que 'exita siempre en nuestra alma la con– templa,cion de un bien que esperamos alcanzar, y que es la realizacion de · nuestras esperanzas. En él han halla– do un manantial ele inspiracion, esos . se.res priviligiaclos que han atravesado por el mundo, trayendo en su mente esa chispa divina que parece despren– dida de la esencia misma de Dios, y que se llama 9eni.o. Funesto provilegio que el hombre pa,– ga ll e vanclo clavado en el corazon el puü.al enven enado de la envidia de sus contem poraneos, y el alma agobiada por es~t tempestad, que las preocupaciones y la ignorancia levantan, para fulmi– nar los golpes que destruyan ese mo– numento coronado por la fama y levan– t,1,do con suH ob.ra ,s y produeciones gran– clios,1,s ele su pensa rniento, qne tanto lmn contribuir1o á levantc1r el edificio mag– nífico ele la civilizacion. La iclea de progreso, es la que ha sostenido siempre la,s luchas del pen– . amiento; lncht1is intermitentes que han desapa,r ecido hoy, para r eapar ecer ma– úana, r evistiendo distinto carácter. Lu - chas gn1,ncliosas, en que al choque de una idea, han caido rotas en pedazos las armn,s que por tantos siglos sirvie– ron de defensa y de ataque, 6, ftqndlos que se obstinaron en vano. en detener la marcha de la civilizacion. No intentemos mmcn hallar la iclea de progreso entre esos séres que no tie– nen ele humano ma,s que el nombre. Ellos en la creacion no hacen mas qne formar el eslabon inferior, por medio tlel cual, se une el homb1·e á los séros mas inferiores; enlazando asi, esa ca - elena que la naturaleza ha formado sin interrupcion ninguna, y á cuya cr.tbeza el hombre se coloca, llevando como distin– tivo el sello de su gi·a~1cleza escrito en esb palabra Progreso. E s vo.rdacleramente la esp.resion mas · bella y grandiosa ele la inteligencia hu– mana. El hombre srt,cude la ignora1~cia que lo asimila al bruto, y comprende su a,l– to ntngo en medio de la. c-reacion. Es– ta gra.n manifestacion de la, ley del pro– greso, fné t,Lmuien la primera revela– cion de nuestro elevado destino. Rl hombre lleva en su 1mturaleza una necesidad tan imperiosa de espe– rar su perfeccionamiento, que deRcle el momento que la razon lo ilumina y estudia los hechos que se han sucec1i– do en lai historia, se siente impulsa– do- á e-amparar su situac-ion actual con la que le ha prec-ec1ic1o, y de comiJa- 1·acion en comparacion, de clcduccion en deduccion, llega á comprender es-a dívina palabra con que Dios lo ha pre– vilejiaclo y que dice Progreso. Es verdaderamente asombroso· el vas- to y luminoso campo que las ciencias y las artes han recorrido por la con– quista sucesiva del hombre sobre la na– turaleza. Cada día la inteligencia afüma con mas vigor su poder-, eada dia nuevas conquistas vienen á exténcler mas y mas el pensamiento. Progreso es fa palabra que se des– prende de nuestros labios, cuando con– templamos asombrados, en las noches s.erenn,s, ese manto infinito de estrellas,. que nuestrns padres mirarnn como pe– queúas linternas encendidas solo pa– ra alumbrarlos y guiar sus naves, y que nosotros miramos como otros tan– tos mundos que ruedan en el espae-io inconmensurable, sujetos á leyes y mo– vimientos fijos, sacados por la mano de Aquel, cuya grandeza infinita jamás el ho-mbre podrá comprender. En el movimiento progresivo de la humanidad, toda nacion que se obsti– nara en permanecer estacionaria, retro– cederia en r ealidad. La ley del progre– so es la del movimiento; vivir para el hombre debe sci- progresar: tal es la ley impuesta á la humanidad. No nos es dado comprender su lími– te; to lo lo que podemos columbrar· es que ella nos llevará á un estado mn,s perfecto y á un mundo moral, doncte vislumbrarán nuestros ojos mas. cerca– na la esplendente luz de la verdad. l\iercecles Cabello ele Carbonera.. Lima, l\1Hyo 12 de 1876. ---~------- TARDES DE MAYO. ( Pensamientos íntínws.) La religion! qué es ella? el fanal que n.lumbra nuestro l óbr ego sendero para anibar al puerto feliz ele este mar tem– pestuoso que se llama vicla. Si la .religion es necesaria al hom– bre, por que no Jrny virtud posible sin conviccionos relígiosas, á la mujer le es indispensable. Qué seria de la mujer, pobre flor expuesta á los rigores del ven– dava.l, qué seria de ella débil, desgracia– cla, tímida, indecisa, sin ese faro, sin ese sosten y refugio que se llama re- ligion? ........ . Ah! cuando se ha alcanzado del cie– lo ese don precioso de saber avaluar la virtud, y estimar lns luehas que el vi– cio pre~enta; cuando el eorazon ha sa– bo~·eado las amarguras del desengaño ba.10 la sombra de la desgracia, entón– ces mas que nunc:t, y quizá solo entón– ces se pneéle comprender lo que la re– ligion significa en la vida <lel sexo dé– bil. La mujer virtuosa calla y sufre en silencio: solo en la soledad de la no– che enjuga sus lágrimas fü1isi siempre de fuego quemador, y dirige sus que– jas al solo testígo de sus dolores; ¡á Dios! = = ========l=/º===-~

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx