El Recreo
~ 76 EL RECREO {/l, = =====================~~~============== ======= chos aii.os para llegar y penetrar en ra de su inmenso imperio: es deoi:n que y.ores $.uplicios ~e hubieran hecho que– toda s las c apas socia.les y producir esas ponga entre tú y yo toda l~ estell.sio~ br~u.t~r\o, pei~o tú necesitas oro, y cuan– e~plosiones violentas que debilitan ó ar- de la tierra. QO te lo ofrezco dudas de mí. Pérdó- 1·-iiinan los pueblos. Rosalía cayó de 1;od.iJ.l~s ~ lo:¡; l)ies. neme mi padre y las almas de los In- Con convicciones firmes, con propó- de su amante, eas .. sitos inqu8brantables, sin ambiciones que -Nó ! DiegQ ~ .fo'.,..,-~sel·~:m.ó-,-Jil,0. we i -,-Dudo aun, Rosalía, !qué quieres! puedan e~traviarnos, no seremos no- ab and.o;n_n,r~s ~l mori¡_al dolor de t1.1; au- · estoy celoso, y los celos son ruines. Haz– sotros quienes hagamos de la prens~. , s.el; )..0-i~.. )['o ti:abajj1~,ré; labra1;é lai tierra me avergonzar de mi debilidad, mués– -u_111, al'ma de muerte, ni un inst~ ume:o.: - l co n m~s :~na] ¡l.OS ·y 1:eu1J.;iré. real á 1·eal trame cuan fea es mi desconfianza, llé– t o de corrupcion. Nuestm .. obj¡eto., nu.es - · 1a su,ma que ha s·· perd.ido;- iré á pedir- vame contigo. tra s aspirt;1icioues se lim.it~ 1:1 á; q1¡1¡e rn,1_es - la á mis hermanos, los indios errantes -Llevarte conmigo! Las bóvedas del ~-?s tra¡l>~jos ~ued~ n s.e✓1·· de algun~ uti- d~ las mo:ntañ~s,. que no me la nega- imperial palacio se desplomarian: la tra– h dai,él, p;1.·o;po;1."c{o~an(lio , l;l. ros suscr1to:i:es ran. dicion dice que la vista de un europeo <le e-ste - púiódiCOi :1me :n.as é instructivas -Pobre amac1a mia- dijo Diego con desvanecería el tesoro. lecturas,. m:il¡s que })il:o duc cíones nue strns, triste sonrisa, el dolor te estravia, y ol- -No lo veré: llévame vendado. do au,t01;es escogidos...,..- Hoy que to.do vidas que el tiempo es la mayor de -Vendado? marcha, no a paso, wesura do sj no. en mis pérdidas. Dos dias serian el últi- -Si, venda mis ojos y guia mis pa- vertig-ino,so. torbellin o, <?::O. que po.co s e es..,_ mo plazo que podría alcanzar: si el sos. Pérdoname; pero solo asi creei-é tu_d-ia y mucho se lee, presenta i:em.o s t,am- · tercero tuviera á mi disposicion los cau- tus palabras. bien al v.u.elo p1·ocl ucciones que d ej:en . dales del mundo, inútiles me serian_, -Sea! Y ahora, Diego, dime que me en el alma¡ ideas saludables, y en el porque no podrian salvarme el honor. amas, para que tus palabras ahoguen oorazo.n deleites legítimos. Una idea terrible cruzó como un re- en mi ~corazon la voz del r emordimien- Al to.mar parte en la r edaccion de lámpago la mente de Ros1:1ilía, que mur- to. este pe:r:iódico, solo- hemos pe~sado en muró sobrecogida: MaJdonado se abandonó á transp-or– el honor de aoompañar á la talentosa -Hallpa- mama! al.sja de mí ese mal t es de t ernura que hftbrian ala,rmado á 1 s.eúorita que lo fundó, y en ser de algun pensamiento! la j óven india, si su alma no hubie- prnvecho á esta sociedad, sin perjuicio -Adios, Rosalía-dijo Diego, sepa- ra estado ofuscada por el amor de aquel de nuestras principales tareas de cole- raudo de su cuello los brazos de la jó- hombre. P ero una vez que hubo que– giQ,. á, que nos hemos consagrado. ven-Abreviemos este triste momento: dado sola y entregada á, sus pensamien- el cáliz amargo debe ser apurad.o de tos> la j óven india se postró en tierra B. V. un trago. y oró llena de terror. La india se asió á sus rodillas. La luz del alh,1, encontró á Rosalía -Nól no ma dejes!-esclamó pálida en la misma actitud. EL TESORO DE LOS INCAS, como la muerte. -Hija-la dijo el viejo cacique, cuan- Diego!....... yo prefiero perder mi alma do cargado de sus instrumentos de labor '. á perderte! se acercó para abrazarla, al clirijirse á los Maliana ...... á las doce de la no,che, campos-hoy estás p6.lida como en los 11 espérame en la esquina de San Blas, c1ias del convento. . ( o t e dés tanto a.1 tra- . y yo t e llevaré el oro que n ecesites. bajo: deja la rueca y sál á respirar el LEYENDA HISTÓRICA. III. Los ojos de Diego brillaron con una aire ele la maüana. Hoy hace un h er- Aquel hombre era el r-abio.so, paseante luz siuiestra,. moso dia: vé á pasearte entre las se- de la madrugada, el si niestro a o-eohador -Ro5alía,, Tesponclió estrcolurnc1o en mentems; siéntate al abrigo de los tri– de esa noc-he. Pero. ahora la esp,r esio11 sus brazos á la jóven-nrneho t e amo, gos. Qné lindas estan las clavelü:ias ro– de su semblante era triste y sombría. pero no podria recibir de tí ese 0ro sin jas, y cuó-n perfuma.das las blancas flo- 1 La india lo. notó y retroc-ecliendo. es- saber de donde procede. _ res ele las habas! pantada: -Ah! no me lo preguntes, l\Ialdona- -Rosacha-murrnuró Andres al oido -Diego, esclamó~ qué fatal nueYa do: es un secreto que ni la muerte me · de su h ermana, miéntras se terciaba vienes á anunciarme? Habla! he sufrí- haría r evelar. el zurron y empnúaba el cayado-ya no do tanto que poco. te costará mat™:me. -Ah!-replicó él con simulada _có- me piel s los nidos da las torcaces ni -No pronuncies mas el nombre, de lera-hé aquí á lo que me conduce mi las flor es ele las peüas. Por oso, c~sa,bes tu amante, Rosalía: ese nombre es nna falta: la mujer que amo para sal-rnr mi lo que 011 vez del alimento del diRi lle– sentencia de muerte; y muy pronto lo vidc1, medita ir á arrojn,r se en los bra- vo ahora en mi morral de pastor? Es– oirás reclamar po:r la voz del prego- zos de alguno de esos ricos que la co- to ! nero para entregarlo al ver-dugo. diclan, para que en cambio <l.e sus ca- Y mostró á, su hermana la hoja fla- li -A tí, Diego mio t mi no.ble y her-. ricias la arroje á ella á la cara el oro meante de un puifa,l. maso caballero!...... necesario para salYarme. Nó, Rosalía! Lo sé:-continuó-alguien derrama el r• -Sí: mi cab.eaa está pr-osc-rita~ cada moriré en el destierro ó sobre el cadal- dolor en tu alma, P ero, Rosacha si ano- I¡ instante que paso aquí lo juego con la so: todo eso- es mejor que la vida que che te djje-Cua11do tengcis necesidad de 1 muerte......... me ofreces. Aclios.. nn co-rnzon aclicto y ele 1m brazo j11erte, . -¡Oh Dios! ¿qué es lo que ha su- -Sombra.s augustas de la cirnfad te- ac11érclute de 1ní, ahora te digo-En el !i cedido? nebl'Osa!~esclamó la imlia-voy á que- momento que los necesites, allí estaré \1 -Soy reeaudador de tributos y aca., brantar nuestro terríble .iurnmento; pe~ yo 1 ,1 baba de recibir fuert es smnas . El de-- ro jamás ojos profanos conocerán vues- La j óvcn india lo5 miró alejarse, el : monio de la codicia me t entó y oedi á tro sagrado recinto ni los misteriosos uno con el paso rápido y el ademan sus seducciones; perdí mi dinero y aea- sender ns qu" á él conducen. impetuoso de hi j'uventud; el otro en– bé por arrojar el oro de las arcas r ea- Diego, contir.i.uó- Has oído hablar del oorvado ba,10 el doble peso ele los años les en el fatal tapete verde, que no tar- tesoro de los In cas? Nosoti-os lo po- y de los trabajos. Contemplólos largo dó en devorarlo. seemos~ mi padre, oacique legítimo de rílíto, inmóvil, y clrnmlo los vió desa- Mañana parte el . situ,ado: hoy debí Horcos y descendiente de Huascar, t.ie- parecer en los r ecodos del camino, su 1 entregar esas su!Ilas: las he perdi~o: soy ne una de sus llaves. Líganos un ju- oornzon s-e oomprimió y una 16grjma reo de lesa maJestad; y para evitar la ramento á guardar el secreto de su exis- ardiente surcó su pálida mejilln,. Pero afrentosa muerte que me depara la jus- tencia y abstenernos de tocar de él un la imájen de Mal<lonado, el recuerdo ticia del i·ey, es necesario que huya fue- solo grano. Dios sabe que ni los ma- de sus caricias y el terror de perder- r l}===================-:-:=======~=.c===:-~
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