El Recreo
Reconocido Q] hecho de la comunica- cion con lo·s espíritus, debe investigarse 1 detenidamente qué clase de espíritus son 1 los que se comunican con los hombres. 1 Si no llegamos á, la conviccion ele que son las almas de los muertos, clebem0s por lo ménos entrar en sospecha de que puede haber otros espíritus que traten de engaüarnos. Si nos pesuadimos que en realidad hay otros espíritus; si roco– nocemos que esos espíritus son falsos y perversos , á la vez que de grande inteli'– gencrn, y que solo se pr0ponen extraviar– nos de las creencias cristianas, en tal caso, la razon nos dice que debemos pre– venirnos coírtra ellos y exarn-&.ar con mas detenimiento y éon ménos descon– fianza la creencia de que quieren sepa– rarnos~ Así, para un hombre lógico, razo– nable y que _no esté dominado por la pasion, aun siendo materialista, el es– piritismo lo conducirá á la creencia en los se1'.es espirituales y en un órden sobrenatural; á un Dios Criador; á la caii– cla ele nuestros primeros padres, causa de la d.esgra,cifli moral del género humano; 1 á la, fonnacion y conservacion de · un pueblo encargado de mantener la fé en el Dios verdadero y la promesa de un Re– dentor; á la venida fle ese Mesías prnme- \l ticlo y esperado por los pueblo~ de Oricn- 1 t e; á la redencion de los .hombres por la ; 1 p1:eclicacio11 de una doctrina pura,- espi- ritual, divina, única que puede civiliz¡:¡,r los pueblos elev<1mlo las almas; á la for– macion de una Iglesia docente encargada de conserva,r la verdad y de propagarla al t.rnves del tiempo y de] espacio; lo conc1uctrá, en fin, al Catolicismo, la so– ln, religton que llena In, inteligencia y sa– tisface todas las necesidades, todas las aspiracione~, todas las esperanzas del al– mJi hum,1,11¿-1.,, ::.i•Jmlo al mismo tiempo la única base sobre que descansa el verda– dero progreso y la verdadera;- felicidad de los pueblos. Tales son los eslabones de esa cadena celestial que enlaza los tiem– pos, los mundos, los espíritus, y que par– tiendo de Dios baja hasta ht tierra. Esperamos una discusion razonada, para ocuparno.._s de las tr'os cuestiones que , hemos presentado. AMOR YTRABAJO. I. EL ENCUENTRO. EL RECREO dado para gozar de la brisa y <l,el s.ilencio destinguíanse dos bellas jóvenes que sen– ta.das sobre un banco, parecia abrígahan la intencion de no moverse ne allí. A treinta pasos poco - mas ó nu-nos del sitio en q ne se encontraban, hallál.HlSe nn ga– llardo jóven moreno, de bigotes retorcidos y rnt,gados o,io~, qne n-\cosr.ado en el pe– destal de nna de la::; est-átun,s qne ador– nan <-'Se hermoso paraje, dirijía i:;ignifir-a– tivaR miradaH al grupo <le tlamn,s; pero recat(tndose de 1a una y a] parecer en connivencia ~:on 1a otra. -Qu<-'ricla Emilia, dijo aqtH•lla, ya es tarde-este sitio comi(--nza á q nedarse so– litario y yo tengo mir-do-vámonos? -Por Dio~, Clemencia-contestó fa otra, hemnR venido de tan 1ejos, y ya quiero::; rn,,rchart.e? -Pero no ves qneri<la rnia? en.si toda 1a gen te se ha ido y no es cosa bien vist fl de qne las dnR r1os' quE:'d.emc,s solas! Ya tP. he tlado gusto t:n pnm:rnecn aq IH rna~ tiernpu dt:1 1~ue pen~aba y .... Clemencia no p~lo Rr.ahnr l/:\. frn,Re. E11 uno ele los pnestos (Í0. licom; que se exhi– ben bHjo los árboles dr la nlarneda, es– t¡:¡,]16 nna qu erella á mano nrm,-uh entre llll grnpo el.e nt>gros ébrios, qne pGnt'trnll– do en el reeínto de 1a nlnrnella snc·aron á relucir enormes pnña,le::; q ne aterraron á C:emt>nCÍl-t. Ln:-. gt•ntt>s p,tcíficas corrian despavo– ridas. Tjas ttos j6ve1ws trntan>n cle hnir. como toclw::, y· en Jnl-\(lio dtc,] c()µ:flicto e1 jóven que las asl'ehnha, sali<--mdo de sn 0sconrlítt~, hizú8t>ltJs e11contnulizo. ·-Señi>1 itas, no tengan nsted8s e 1 me– nor cuidado: aquello 110 es mas quM 1111 pleito ele borrachos. No ob stantt>, si nste– des 1o pnmiten, tendré el honor de ncom- pfifütrla.s hasta :-;u 1.msa. . -L-Cabalh-\ro, contestó E mil ia, camhian– do con el desconocido nna impen:P-ptible sHfü-t-nos presenta nsted 1111 gran sen1icio: no lo digo por J..ní, q ne no R'.)Y miedosa, si no por esta niña, á quien asusta una mosca. SPa, rep1icó e] jóven, sonriernlo y lan– zando <le pasu una atrevida mirada á Clemencia. AtravesR.ron fas calles camino del Puen– te sin que ocurriese noYec.lad durante el tránsito.. El ,ióven niir: :t.ba con n111cha frecuencia á Chimencia, sin que esta se atreviese á alzar la VLSüt. L1egaron por fin á una casita situada en ht calle de la ((Salnll.» -Clemencia-elijo á esta su compa– ñera-convida á nuef:ltro caba11ero una hora. de descanso en tu casa. La bc-'\l]a niña. sonrió al jóven y lo8 tres El so] estaba ,próximo á dP.saparecer del fntraron en nna s1dita pobre pero aseada. horizonte, y la luna, luna de verano, os- Un confidente, una mesR-, seis silletas de tentaba ya en los espacios sn disco platea- esterilla y nn viejo péndulo colgado de la clo y trn~parentr., al.mismo tiempo qne nn pan~d, constituían con una máquina de ' vienteciilo débil v tibio comenzaba á so- co~er tau.o su mueblaje. - ------===--=-•· -==---ras ~ . -· --- - -- --· -- ~ ·¡ Una pah,hra res.pe- oto a ésta~ E_r3¿ h1,érfana: sn padre un guerrero, hab.ia . mt,erto en el capo de la bata.,]a, dejánd,ol_a niña aun, al cuidado de u:o.a tia anciana. l\íuerta ésta, Ulem.e1~cin. qt,e– dó sola t'n (,]_ n:it,ndo y vivit\ de su, tra,bitjo en aqu el rinconcito que la dPjara su tia. F.ra linda como u.na ro,sa, rn,odesta, ah'lgre y resign.~cla con la snerte q ne- le hahia cabillo, esperando con fé ei1 Sl~ ima– giuacion exaltada y nove1,:>sca, un novio b(~llo y cahalleresco que viniera~ pedirla su mano, ErneRto Rivera era un jóven dotado de excelentes cualidades; pero oscureciclas, ec1ipsallns, por e1 .mas rifürnclo egoísmo. Vió un dia á Clemencia y eucoutróla bella. La amú? El porvenir lo dirá! Ernesto pertence á nnn. distinguida fa– m: lia.-es rico y pm·cle hacer foliz, á 1a hnérfana. Pero en ,·ez. de dirijirse á ella abforr.amente,. _ha entrado en cunni ,·enci a cun la falsa a1niga qne acabamos de ver a] hld{) de la júvPn: éstr1. ha p.rtparaclo aq 1wl lance r 1o ha intrndncido en la mo– rada ele ésta,. y tomando un pr~t.exto se hn, nrnrchado. dejándola en el lazo que ]e ha tendiclr}. Y ahí ,,s;t,fo solos: la huérfana q ne cree aq ncJl incidt ...nte traido i1or la c:asualiuad, y ._..¡ jóven qup. Jo lH preparado. El la mil'a. P.11a baja los ~,j:os. Como em.¡wzaha á anoc::Jwcn, Clemen– cia rncen<li6, s11 lá :npara. Vrwiló algunos minutof-, ·y luegorubnrizándnse-caballno -d1jn-p-1Jrniít,c1.mP. usted contirnrnr mi labor. To1las mi~ horas, mi tiem p'o todo, pertenec<:' a] trabajo; y no me <:'S dado robar1es un minuto, -Oh! S.P-Üt>rita. snplic·n á nsted. tan solo q1w me permita coufrmplarla así, á HU _ lado trabaj;tndo como ln contemplo todas las nochP8 hncP-lf-trg_o tiempo. -A mí! ¿ Desdt> <1onde? -De&de allí p0gaclo á rsa puerta, y tn.n absorbido <:'U la delicia de-mirarla que el rostro de usted está gntbado en mi corazon. A estR. brusca dec;l:-irncion) Clemencia i-;e rn_borizó de sorpresa y palideció de e1noc10n. ¿Qnc sent.imiento t.raiciouaba e~a pali– dez? Y hubo un grn.n silr.ncio jnterrumpido -so1o por e1 mielo de lrl má.q11jna, que fnn– c!onaba bajo 1os ágiles de<los de Clemen– cia. DP.scle ese dia viose á Ernesto to<las las tardes atre,,esar la calle de la <<Salud,> y entrar en_ la casita q ne habitaba la huér– fana. (Continiwra.) PLEGARIA. [Traducida delfrances.] · plar .Los pasea11t~s se retiraban y 1a ala- Por nn;:i puerta entreabierta divisábase ¡ me<la, dé los Descalzos, este bello paseo un lecho estrecho, pero virginal; y colgR-- DEDICADA Á M:I MADRE. 1 de _Lima iba, poJo á poco, quedándose· do de nna <le sus columnas, un veRtido • desierto. b1ance y un ]azo azul: el ti aje dt-> gala de Señor. cnando m11rchita ya mi frénte 11 J Entre las personas que se habían que- fa jóven. Se incline ante el oscuro porvenir · ~ 1~ ~: ~============= ====:===~~-==~==========================~~
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