El Recreo

~ 184 EL HECt1EO l i bin, ser enterrado, y fa lujosa caja mor- Y como ruedan mansas, adormidas' tuoria se alzaba ~n hombros ele los al- tT untas las ondas en tranquila mar, caldes Don Dionicio Ayans y Ureta y Nnestrns dos rxist.encias i:-iempre unída.s Aguardábamos que nuestras obcerva– ciones se contestaran con otras ob¡;:er– vaciones, nuestros razonamientos con otros razonamientos; p ero hemos aguar- Don Martin de Ugarte ·amb'os ele la or- Por e 1 sendero de la vida van. dado en vano, pues en lugar de una clis– cusion franca y cortez, solo hemos vis- den de Santiago; y el de los Jueces Dn. Jéronimo de Loayza y ZárRite y D. Jo– seph Altamirano Castilln, y Zárate: el cortejo fúnebre llegaba hasta el puente de la Compañia, y todos marchaban en silencio cuando de repente SiLlió del cajQn un brazo carbonizado, n egro co– mo el brazo· del clemonio: era el qne se armó contr~ el P.F. M:nmel 1\Iontes, y con gra,nde asombro, y no poco susto de los (:Lsistentes, permaneció le-vantado hasta el sepulcro· ¿Quien no conoce en el Cuzco la ca– sa del Marqués, de hermosa fachada,, y cit~ en la calle del mismo nombre? quie11 11,0 la ha visto seüalar para re– ferir algo del brazo negro del Conegi– dor que hoy mismo se cuenta como una moraleja para exita1· la respetuosi– dad á los Sacerdotes? Yo por mi parte, lectores, la escu– ché cuando niüa, de boca ele una vieja ayfl,, acurrncacln, en sn falcla y sudando frio, porque al contármela, lo hizo con palabras capaces de infundir un miedo c1E:;i aquellos q11e, herizan los cabello$ y que ni los militares cono– cen. Pero, ved lo qne Yá ele tiempo á tiempo: hoy la. r efiero clcspueR ele ha– ber escarbado pcnwm1inos y vejeces, y lo hago sin temor de que VL'ng.a, el brazo negro d el Correr;idor á borrar lo que está escrito, dandom de p aso un sm;to para soltar la 12.l_uma: y parn que mis lectoras no digan que los cro– nistas hemos borrado del Décaloo-o el 8°. mandainiento, terminaré copiando , lo que á 6ste respecto dice el virtuoso 1 padre Ot 1,mendi en su manuscrito que titula Coronica particular". "Y el c1ia " que lo enterraron, al sacar el cuer– " po de la casa del MarquéR de Valle– " umbroRo, en la primera posa se desa- " tó la mano d erecha, que la l evantó " e_n alto toda prieta como el carbon, " que causó horror á los que le acom– " pañaban.. Volvieron1a á atar fuerte– " mente, y en ln. segunda posa suce– " dió lo mismo, y no puc1iendola suje– " tar permaneció enarbolarla, y asi le " enterraron en la Igle~ia do nuestra " Señora ele las Mercedes con notable " admiracion de toda la ciudal1!!" No se desmaya ninguna lectora? ... ni yo tampoco. ÜLORINDA MATO DE TuRNER. T-inta, Agosto 30 de 1876. AJULIA. Tú asilla de mi brazo, 111cliferente Sigue t,1 plnur.a mi rt'SLH'lto pié; Y ele la senda rn la ÍLs¡wra pendiente A llll lacio jmn.as t<.-'m0s Gaer. Y tn urnno en mi mano, pnE-o á paso, Marcham, ,s con <lescuiclo al porvenir, 8in tPmo r dP mirar C'l trú-,t~ oc~iso Dond e tend rá nut'8trn ventura fin. Con tn lwcliic:Pro sonrrir sonrío Redinnclo eu tn seno :mo·e1 ieal ' D , b ' e rse mocPnte coraion, qut-' ('8 mio, Arrnl1ado a] tranq 11ilo pnlpi tar. Y la tPrnurn y Pl amor coustnutes En tu I i 111pia mirada V<'rJ:-;t-' arder, Al travos <ie dC1s lá<rrimas brillantes (~u1:1 rern blando en.-,tns párpados se ven. S"n 111wstnrn almas místico rüiclo D<' dos iln utas 1 lt ·jn.rrn::-, t·n \'O s Jn En dnlcísituo n.c;>nte i'lt•n·,{ 1111itlo De la noche c.ill1ub enr1~· el n11110 1-- ' \ Cnal dos, nspiros rprn ai nac<·r se n11ieron Er. un lll'HO t·nstísimc) do nnwr; C()mo el grato pr>rfome q né (•s1>aruirron Flores clisrantes y la lni~a u11i\,. ¡ C11ánra ternnra Pn tn semblante miro! Que tu rnirt>n mi::- lljo,3 si1-m}ffl~ a.·i ! N únca tn p l'CllO, exhaio ni nn suspiro, Y t'SO me basta para srr feliz! ·Que en el sepulcro nuestros cuerpos moren Bajo 11na mi:-,rna 1úpidr1. lnH dos! l\Ia: mi 111 tH:•rtc ja11iaR t118 ojo:::; lloren! i ('ll 1n. m nerto tns ojos cierrt-' yo! GREGORIO GuTrÉRREz GoKZALEz. EL ESPIRITISMO. to desahogos de una rabia contenida y dicterios de mal gusto contra las san- t a.s creencias de un pueblo. Nega.r y atacar llogmaR cristianos, no es probar la yerdad de la doctrina es– piritista; es simplemente mnniftJstarse in– créculo, que p,ua snlo, no hay necesi- 1 dad ele> profesar el espiritismo. Insultar las creencia,s cristimms y á los que las profesan: no es discutir, y si el espiri– tismo no pueclJ defenderse ele otro modo,. su causa está ya juzgada. Si d~stmba,ntzamos la cuestion espi– ritisb, de tx1us los puntos relacionados con lo :; dogmaH cristianos, qncdan dos cuestiones c:ardinal-t:s, bases del espiritis– mo, que pueden servir de tema á una dis- , cusion decente y razonarla, y son las si– guic.utes: 1. ª ¿Los espíritus que se com nniccin con [ los homÚ1'es son ó no las almas ~le los muer– tos? 2 . ª /Cucí.le.c; son los frutos clel e.<?piritis- 171/J/ qué l,iencs le ha prod11ciclo á la huma- ni.rlwl ! qu(, lmu:ficios le promete! Hó tLquí las cuestiones que presenta– mos á la cliocu. ion, cuestiones que cier– rn,n el campo c1o ,los comlmtient s, de tal :na.1~era q~10 salirse ele ella,s seria probar rn1potencrn para sostPnerlas, huir cobar– demente , confesarse vencido. Ha c.,ta ahora, no hemos encontrado otra ra,zon en que pueda fundars e la creencia de que' la. almas de los muertos s-on Ias que se comunican con los hombres que el dicho ele los mismos espíritus; pero ¿cómo nos cercioramos de la veril.ad <l.e ese dicho, cuando podemos tan fácilme n– te ser engaüaclos? Supongá.monos en medio de un baile ele máscaras, donde sabemos que se en– cuentra un amigo con quien deseamos hablar. Llamémoslo, evoqu émoslo. Pron– to se p1:eR_~nta uno con su disfraz y su habla finJ1da, contestando al llarnamien- Cuando escribimos en el número 16 de to. L e creería1:11os sin otra prueba que este periGclico sobre el espiritiRmo, nos su palabra? I 1 aun dándonos notiria de propusimos presentar algunas de las mu- algunos hechos de nuestra vida y ele al– chas observaciones que pueden hacerse gunos de nuestros secretos deberíamos en contra J.e esa doctrina, que ni es nue- creerle, pues otro que no fuera, el amio-o va ni r,.1,zonabl~, y de la cual ningun bien podría ta,mbien conocerlos. Deberiám~s ha cosechado m puede cosechar la hu- por lo m~nos dudar hasta adquirir pi·u - manidad. bas convmcPntes.-Igual cosa sucedería Reconociendo el hecho ele una comu- hablando con un hombre en voz baja al nicacion con los eRpíritus incorpóreos, traves de nn tabique, ó comunicándonos probamos con la Historia que el es1Ji- por m edio del tdégrafo elécti-ico, pues ; ritismo es tan antiguo como el mundo, en to~1os esos rasos podemos sei· engaüa- y que no es otra cosa qne la Jl.lagia ne- dos, s1 no tomn,mos las precauciones ne– gra profesada por los paganos. cesarías. Cualquiera, pues, que diera cré- Prnsentamos tambien argumentos pa- dito á. esas comunicaciones Rin cercio– ra probar que los espíritus que se co- rarse de la identidad de la persona con mnnican con los hombres no son ni pue- quien habla, pasaría por un crécfolo y l,1¡ Juntos tú y yo vin1º1nos a., la v1·c1,º, den ser las almas de los muertos, sino por un tonto. Esto sucede con las comu- ,. otros espíritus, que para nosotros, son nicacion_es P-spiritistas. 1 Llena tú de hermosura y yo de ~mor; los espíritus malignos, los ángeles rebel- Un hombre _cuerdo, razonable y prn- , A tí vencido yo, tú á mi vencida, des que fueron condenados á un suplicio dente dncla pnmero, tras la duda siaue , Nos hallamos por fin juntos ]os dos! eterno. el exámen y tras el exámenla conYicci~n 1 -~======---===================.=-:==·?lfi\.. ~ ~ / .

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