El Recreo

EL H e ~ lí - E O ====== =========-===== ===::-:,:-= q Que hoy anda escaso el dinero, Y aunque voluntad me sobra, Mitigar su hambre no puedo. l\fas, si es tanta la miseria. Que la a:flije, como ve.o, r.réngR esta perla qne aun guardo Y c:ímbiela por dinero. Dios su caridad le pague, Generoso Cal>cdlero; Mas guarde, guarde 0sa perla, Qne yo ni mi rnrla q 11icro; Pues por adornar con ellat:i 1 Envanecida mi cunllo, j Perdí en mis mej0res años .... \ ¡ Señor pe(]_n6, me arrepiento r ¡ !: Feliz la tierra qnc pisas Mendiga ií. q nien yo respeto Y q ne en sn llanto posee Un tesoro verdadero; 1 i P nes las lágrimas q ne viertes Por ser de arr<"pentimiento, Son, no lo dudes señora, Lluvia de perlas del cielo! Adr¿ana Buendia. Lim,a, Junio ele 1876. !BEBA, P A ORE, QUE LE VALA VI DA! (Tradicion.) A la distinguida escritora cuz– queña señora Clorinda Mato de Turner, en corresponden– eia á la tradicion con -;uya dedicatoria quiso honrarme. -R. P. Dama de mucho cascabel y de mas · temple que el acero toledano fué doña Ana de Borja, condesa ele Lemos y vi– reyna del Perú. Por tal la tuvo Su Ma– je,,stad doña María Ana de Austria, que gobernaba la monarquía española durante la, minoridad de Cárlos II; pues al nom– brar virey del Perú al marido lo pro– veyó ele real cédula, autorizándolo para que, en caso d.e que~ el mejor ser-yicio del reino lo obligase a abandonar Lnna, pusiese las rienda,s del Gobierno en ma– nos ele su consorte. r En t11l conformidad, cuando su exe– i¡ lencia creyó indispensable ,ir en perso– ' na á apaciguar las tur~ulenci.a;s de ~~y- cacota ahorcando al rwo -:nnwr o t,a,l– cedo, quedó doüa A na, en esta ciudad de los Reyes presicfü•..1.do la Auc1iencia, y su CJ'O bierno <l ur( desde Junio de 1668 hasta Abril del año siguiente. i Asi como sr ona, y mal que nos pe– ~ 8 e á los per ,ileros, hemos sido du_rante 1 diez meses gobernados por una muJer.... '¡! y francame' ite qne con ella no nos fné ,, del todo llml, poque el pandero estuvo ~ en manos que lo sabia,n ha_cer sona,r. 1 y pn,ra <JlW ustedes no c~1gan que por mentir ne; pagan los cromstas alca!mla 1 1 ¡ 1 y que l~s obligo á qu~ ~e cren.,n b~JO la fé de m1 pala,bra, copiare lo qu e E)bre ~ - el particu1ar escribe el erudito señor de Mendiburo, en su exelente y concienz ,1. clo Diccionario Historico:-<<Al empren~ ~ der su viaje á Puu.o el conde de Le– « mos, encomendó el gobierno del reino << á doña Ana, - su mujer, quien lo ejer– « ció durante su ausGncia r c-solvienclo t o– e< dos los asuntos, sin que nadie hicieRe « la menor observacion, principiando por << la Audiencia que reconocía su autori– ,> dad. T 1 enemos en nuestro poder un des– « pacho de la vireyrrn, nombrando un em– « plea,clo del tribunal ele cuenfas, y csti « encabeza<lo como sigue: Don Pedro Fer– << nnuc1ez de Ca,stro y Ailc1rac1e, conde « ele Lemos, y doüa Ana ele Borja, su « mujer, condesa ele Lemos, en virtud << de la facultad qne tiene ele Sn Exe.len– << cia pn,ra el gobierno de estos reinos, « aten<lienclo á lo que representa el tri– << lmnn,l, he venido en nomln-ar y nombro << ele muy buena ga,na etc. etc. Era doüa Ana, en su época de inan– do, dama de V<.;intiocho a,ños, de ga,llarclo cuerpo, aunque <le rostro poco agraciado. V estia con esplendidez, y nunca se la vió en público sino cubierta de brillantes. De su cn,rácter dicen que era en extre– mo soberbio y dominador, y que vivía m~lJ infatuada con su abalorio y perga- 1n1nos. Si seria chichirinacla la vanidad ele quien, como ella, contaba entro los san– tos de la, corte celestial nacb menos que á su abuelo Francisco ele Borja. Las picarescas limoúas, que tanto qui– sieron á, doua rreresa ele Castro, la mu– jer del virey don Garcia, no vieron mm– ca de buen ojo á la condesa de Lemos y la baiutizaron con el apoc1.o ele la Pa– tona,. Presumo que la vireyna seria mu– j er de mucha base. Entrando ahora en la tradicion, cuéntase de la tal doü.a Ana algo que nó se le habria ocurrido al ingenio del mas bra– gado gol;)ernante, y que prueLa en sus– tancia cuan grande es la, astucia feme– nina y que clrn,ndo la mujer se 111t,te en política ó en cosas de hombre, sabe deja,r bien puesto su p::i~bellon y da,rnos nn;--1,s lecciones que ni las de Pradier Foderé, con motivo de la críeis. Entre los p11isa,jeros que, en l668, tra– jo al Callao el ga.leon de Cad.iz, vino un fraile portugues de la órc1en de San Gerónimo. Lla,rnábase el padre Nuúez. ApÉ:Eu,S llegado éste á Lima, recibió la virey1m un anónimo en que l:=t de– nunciaban que el fraile no era tal fraile, sino algun espía ó comisionado secreto del Portugal, quien para el mejor logro de alguna maquinacion política s<~ pre_ sentaba disfrazad.o con el santo hábito La vireyna convocó á los Oiclores y sometió á su acuerdo la denuncia. Sus seúorías opinaron porque inmediatamen– te y sin muchas contemplaciones se e– clrnse guante al padre N uñez, y se le ahorcí:\ise cormn popnlo. Ya se vé! En esos tiempos nó estaban de moda las ganmtías individuales ni otrn,s candideces de In, laya, que ogaüo se estilan, y que a,si garantizan al prójimo que cae de– bu,jo como una cota de seda de un ga– rrotazo en -la espalda. La sagaz vireyna se r0sistió á llevar las cosas al estricote y viniéndosele á las mientes algo qne cuenta Garcilaso de Francisco de Carvajal, djjo i sus compaü.e– ros de Audiencia-Déjenlo vueseüorías por mi cuenta que, sin necesidad de rui– do ni de tomar el negocio por donde que– ma, yo .sabré descubrir si es fraile ó monago, que el hábito no hace al mon– jc: sino el monje al hábito. Y si r esulta preste tonsurado por barbero y no por obispo, entonces, sin mas kiries ni leta– nías, llamamos á Gonzalvillo para que lo cuelgue por el pescuezo en la horca de la Pla,za. E ste Gonzalvillo, negro retinto y feo como un demonio, era el verdugo titular de Lima. Aquel mismo dia, la vireyna comisionó á su m ayordomo para que invitase al p_,1,clre Nuúez á hacer pénitencia en Pala- 010 . Los tres Oidores acompañaban á la. noble dama en la mesa, y en el jardín esperaba órdenes el terrible Gonzalvillo, La mesa estaba, opíparamente servida, no con esas golosina,s que hoy se usan y que son como manjar de monja sopli– llo y poetL imstancia, sino con cosas sucule ntas, sólidas y que se pegan al riii.on. La frnta d e corral, p avo, gallina y h asta chancho enrolla.do, lucia con profusion. El padre Nuüez no comia ...... devoraba. Hizo cumplido honor á, todos los platos. La vireyna guiü.aba el ojo á los Oi– dores, como diciéndoles: -Bien engulle! l?ri.1-ile es . Sin saberlo, el , padre Nuü,3z babia , salido bien de la prneba. Faltábale otra. La cocina espaüola es cargada de es– pecias que naturalmente despiertan el apetito. Moda era poner en la mesa grandes vasi– jilS de barro de Guadalaj ara que tiene ·1a propiedad <le conservar mas fresca el a,gmL, prestándole agradable sabor. Despues de consumir, como i:>ostres, una muy completa racion de alfajores, pastas y dulces ele las monjas, no pudo el comensal dejar ele sentir imperiosa necesidad de beber. -Aquí te quiero ver, escopeta!-mur– muró la condesa. Esta, era la prueba decisiva que ella esperaba. Si su con"\"'idado no era lo que , por el traje revelaba ser, beberia con la pulcritud que no se acostumbra en el r efectorio . El fraile tomó con ambas manos el pesado cántaro de Gu~dalaj arn, lo alzó casi á, la altura de la cabeza, recostó ésta en el respaldo de la silla, echóse á la cara el porron y empezó á despacharse á su gusto. La vireyna, viendo que aquella sed era como la de un arenal y muy frai– luno el modo de apaciguarla, le ~lijo t:ion– riendo:

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