La bonanza fue en gran parte facilitada por la abundancia de capital en los mercados internacionales. Dada esa facilidad, el gobierno peruano pudo obtener fondos para invertir en varios proyectos. Así, se emprendieron grandes proyectos de irrigación, tales como El Imperial, La Chira, Sechura, Esperanza y Olmos. Es más, el gobierno financió centros de experimentación agrícolas en Lambayeque, Piura y Tumbes: el cultivo científico de arroz en Cajamarca, Áncash, Junín y Huancavelica; y granjas modelo de ovejas y ganado vacuno en Puno y otras ciudades; y la Escuela Nacional de Agricultura en La Molina50. Se invirtieron grandes sumas de dinero en infraestructura vial. Se construyeron varias carreteras, entre las que figuran Lima-Canta-Chanchamayo, Cerro-Huánuco, PuquioChalhuanca, Ica-Nasca-Molinos, Camaná-Moquegua-Tacna, Lima-LomasAtico, entre muchas otras. Hasta 1921, no existía prácticamente una red de carreteras (Diez-Canseco, 1929); para 1929 la red llegaba a más de 37 000 kilómetros. Por su parte, la red de ferrocarriles aumentó en casi 800 000 kilómetros entre 1920 y 1928. Entre los principales ferrocarriles construidos se encuentran Huancayo-Huancavelica, Cusco-Santa Ana, Ancón-Huacho-Sayán, Huancayo-Sacchoc-Chonta, y la reconstrucción del de Ilo-Moquegua, entre otros. Se construyeron además el muelle de Supe, el muelle de Cerro Azul, y el terminal marítimo del Callao. Además, se realizó la construcción de la Atarjea en Lima y servicios de agua potables similares en Arequipa, Cusco, Paita, Trujillo, La Punta, Huacho, Supe, entre otras ciudades (Burga & Flores Galindo, 1984). Lima fue enormemente beneficiada con las obras públicas: además del servicio de agua potable, se pavimentaron calles, se construyeron avenidas tales como Leguía, El Progreso, Piérola, y Unión. Tal como reconoce Pike, Leguía presidió uno de los periodos más remarcables de expansión económica y de proyectos de obras públicas más rápidamente completados que el Perú ha experimentado. Leguía indicaba que era importante invertir grandes sumas de dinero con el fin de aumentar la capacidad productiva y los ingresos por exportaciones, lo que le permitiría al país incrementar los niveles de vida de la población51. En su mensaje presidencial de 1924, Augusto B. Leguía mencionó lo siguiente: El Perú atraviesa hoy una época feliz, que es nuestro deber utilizar con grandes alientos, pero con juiciosa previsión. Esta es la que nos aconseja que nos desvelemos en la creación de nuevas fuentes de desenvolvimiento industrial y de mayor capacidad productiva. Esa es la norma del gobierno. Ese es el empeño que 97
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