emitió la ley 2696, que autorizaba al Poder Ejecutivo a tomar posesión de los elementos de transporte —terrestre, marítimo o fluvial— para atender el abastecimiento público. Para efectuar dicha toma de posesión se debía consignar a favor de sus dueños, en la Caja de Depósitos y Consignaciones, el importe de los medios de transporte expropiados, luego de una justa valorización. Sobre la base de esta ley, el Estado peruano decidió expropiar diez buques alemanes de comercio acoderados en puertos peruanos: Sierra Córdoba (8200 toneladas), Luxor (12 000 toneladas), Rhakotis (8500 toneladas), Anubis (8000 toneladas), Uarda (9000 toneladas), Marie (3000 toneladas), Hebe (4000 toneladas), Omega (4000 toneladas), Maipo (2700 toneladas) y Tellus (2500 toneladas) — estos cuatro últimos eran buques de vela— (De Lavalle, 1919, pp. 88 y ss.)33. A todas estas medidas adoptadas por el gobierno del Perú en favor de los Aliados se puede añadir la participación voluntaria de muchos peruanos en la guerra en pro de su causa, quienes se enlistaron en el ejército o en los servicios de enfermería y auxilio médico, convencidos de los principios que se buscaban preservar, como es el caso del exsenador del Partido Aprista Luis Lanatta que se enlistó en el ejército italiano (Valdez, 2004, p. 121) o José García-Calderón, quien luchó en las fuerzas francesas y murió heroicamente en los campos de Verdún. De todo esto, puede claramente concluirse que la denominada neutralidad benévola inicial peruana frente a la Primera Guerra Mundial fue solo formal. 4. EL INCIDENTE DEL VAPOR LORTON, LA RUPTURA DE RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON ALEMANIA Y LA REACCIÓN FAVORABLE DE LOS ALIADOS En los años iniciales de la Primera Guerra Mundial, el gobierno peruano se encontraba en una posición financiera difícil, producto de la caída de los precios del azúcar y del caucho. Esta situación estuvo acompañada por condiciones de inestabilidad política. La Gran Guerra paralizó el comercio y eso trajo una caída profunda en la recaudación aduanera y, por si fuera poco, el crédito proveniente de Europa prácticamente desapareció (Bruce St. John. 1999, p. 150). Esta situación mejoraría con la reelección de José Pardo como presidente del Perú, en mayo de 1915, debido a la nueva demanda de materias primas. Esta demanda incrementó las exportaciones peruanas, así como la confianza generada por las políticas económicas conservadoras de Pardo. 63
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