El Perú y la Primera Guerra Mundial

peruanos. Esta disposición fue decretada luego que los representantes de los países aliados comunicaran al gobierno peruano que los raiders alemanes perseguían a las naves de comercio aliadas utilizando precisamente las instalaciones radiográficas de los buques alemanes acoderados en puertos peruanos (Callao y Mollendo) y los datos que le brindaba su representante diplomático y otros agentes en Lima (De Lavalle, 1919, pp. 10-11). Posteriormente, en 1915, el gobierno del Perú dispuso también que los buques de la armada peruana patrullaran la costa convoyando a las naves de comercio extranjeras a fin de evitar que cruceros armados alemanes amenazaran el tráfico comercial. De este modo, los cruceros Almirante Grau y Coronel Bolognesi acompañaron a los buques ingleses Oropesa, Oronsa y Magellan, y al vapor japonés Kiyo Maru, entre otros. Asimismo, el gobierno del Perú protestó una vez conocida la noticia de que el gobierno alemán había resuelto desarrollar una campaña submarina sin restricciones y establecido, mediante memorándum del 4 de febrero de 1915, una «zona de guerra» tan amplia —todas las aguas que circundan la Gran Bretaña e Irlanda, lo que luego fue ampliado a todas las costas de Francia y de Italia y en la parte oriental del mediterráneo—, dentro de la cual se destruiría todo buque mercante enemigo, que podía afectar buques y cargas de países neutrales (Wagner de Reyna, 1997, p. 189). Esta medida, impulsada por el jefe del Estado Mayor Alemán, Erich Friedrich Wilhelm Ludendorff, tenía como objetivo sitiar a Gran Bretaña a efectos de que ella no pudiera abastecerse de municiones y armas, así como de productos para la alimentación, y se forzara a dicho país, finalmente, a la rendición. Alemania sabía que aquel país tenía un stock de trigo que solo le garantizaba un abastecimiento por tres meses (Badía, 1964, p. 62). El riesgo que para el transporte marítimo con Europa significó esta medida decretada por Alemania, sumado al posterior rompimiento de relaciones diplomáticas con dicho país, entre otros factores (Bruce St. John, 1999, p. 150)32, modificó el patrón histórico del comercio peruano; los países europeos fueron sustituidos por los Estados Unidos de América, que se convirtió en el principal abastecedor del mercado peruano y el más importante comprador de nuestras materias primas. Esta nación llegó a desplazar, incluso, a la propia Inglaterra (Bardella, 1989, pp. 203-204). Respecto a esta última medida decreta por el gobierno alemán, el gobierno peruano, por medio de su canciller Enrique de la Riva-Agüero, presentó formalmente su protesta, en los siguientes términos: 61

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