El Perú y la Primera Guerra Mundial

La misma idea era compartida por el presidente José Pardo, como queda registrado en su opúsculo Cuatro años de gobierno constitucional, en el que señaló lo siguiente: Declarar la guerra a un pueblo poderoso que desenvolvía sus actividades bélicas en teatro distante ocho mil millas de nuestro suelo y careciendo de todos los medios necesarios para prestar un auxilio efectivo a los ejércitos defensores del Derecho habría sido conducir a la República a una situación poco airosa que tocaba casi los límites de lo indigno, si se recuerda que pocos años antes y aun a expensas de la integridad de nuestro territorio hacíamos sacrificios inauditos para conservar la paz con pueblos menos lejanos y menos poderosos […] (Basadre, 1970, p. 419). Esta posición de neutralidad fue duramente criticada por los enemigos políticos de Pardo. Así, Melitón Porras fustigó al presidente por demorar excesivamente en romper con Alemania, señalando que el canciller Tudela tuvo que ingresar a la Cancillería para «acabar con las vacilaciones presidenciales». La misma posición fue señalada por Mariano H. Cornejo, quien, además de criticar la neutralidad peruana, consideraba que el rompimiento con Alemania le traería ventajas al Perú en su relación con los Estados Unidos (Basadre, 1970, 418-419). Sin embargo, en este punto resulta pertinente precisar que, más allá de esta neutralidad formal31, lo cierto es que, desde un inicio, el gobierno peruano manifestó su posición contraria a la violación de los principios básicos del derecho internacional por parte de Alemania y, asimismo, mostró de manera concreta su simpatía por los ideales perseguidos por los Estados Unidos y su presidente Woodrow Wilson. Esta posición quedó evidenciada por medio de una serie de decisiones adoptadas por el gobierno peruano, así como en el mensaje al Congreso de la República del presidente peruano y del ministro de Relaciones Exteriores ante la Cámara de Diputados, el 5 de setiembre de 1917. En buena cuenta, y siguiendo lo dicho por De la Riva Agüero en 1917, si bien se fue neutral en lo formal, en la realidad, se le brindaron a los aliados casi «los mismos servicios prácticos» que si hubiésemos sido beligerantes. En la línea antes indicada, desde agosto de 1914, el Ministerio de Guerra y de Marina del Perú expidió un decreto en el cual se disponía que los capitanes de los buques mercantes que ingresaran a puertos peruanos declararan, dentro de las 24 horas de su arribo, la condición de sus naves en relación con las escuadras de sus respectivas naciones, y se les prohibió el uso de instalaciones radiográficas durante su permanencia en puertos 60

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