por el canciller peruano en su Memoria de 1917. En ella señaló su posición sobre la guerra europea, la cual se transcribe a continuación: a. Ella era una contienda entre grandes naciones y por grandes intereses sobre cuestiones extracontinentales, que no afectaban el honor de los países de América ni sus intereses vitales; b. La única excepción era la de Estados Unidos, por ser gran potencia, que llegó a entrar en la contienda después de esfuerzos de paz, en defensa de altos principios y porque su enorme comercio con Europa había sido gravemente perjudicado; c. Los países jóvenes y débiles, que solo sufrían daños indirectos, debían conservar una sensata moderación y tenían otras vías, alejadas de la beligerancia, para lograr la satisfacción que se les debía en caso de agravio; d. Estos países, en la práctica, en verdad poco podían hacer con el abandono de la neutralidad en una guerra de la magnitud de la que estaba asolando a Europa, de suerte que su actitud no iba más allá de un apoyo moral y lo cuerdo y digno era no asumir actitudes belicosas; e. Este apoyo moral podía ser dado de todas maneras por declaraciones y protestas contra actos inhumanos o no justificables; f. Un extralimitarse lanzándose al campo de la no-neutralidad podía traer peligrosas complicaciones para las cuales no estaban preparadas las pequeñas potencias; g. La beligerancia de los Estados Unidos no era un argumento contra la neutralidad de los países latinoamericanos que podían guardar una neutralidad benévola en vista de la solidaridad continental y prestar a la gran República del norte los mismos servicios prácticos que si se asumía una actitud beligerante; h. Urgía lograr una uniformidad de criterio en América Latina en materia de neutralidad. Antes de que los Estados Unidos entraran en el conflicto, podía ella ser panamericana, para defender a todo el continente del azote de la guerra; después ella tenía que ser, aunque homogénea, individual de las naciones neutrales de este hemisferio para hacer respetar sus derechos y poder tener el peso para una mediación. […] i. Era ingenuo y poco honroso querer plegarse a uno de los contendores porque se considerara que el triunfo iba a ser para él, pues en el caso de que efectivamente venciera, tendría graves problemas que resolver y no se ocuparía en las —para él— insignificantes cuestiones de las pequeñas potencias que se les unieron (Basadre, 1970, pp. 413-414)30. 59
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