El Perú y la Primera Guerra Mundial

fatalidad, lo que explicaría su carácter de lucha entre la vida y la muerte (Ferro, 2003, p. 45). De este modo, el llamamiento de los gobiernos europeos a las armas obtuvo una sorprendente respuesta por parte de los pueblos. Una extraordinaria ola de patriotismo llevó a más de veinte millones de personas a ser muertas o heridas. Como afirma Hobsbawm: «en 1914, los pueblos de Europa, aunque fuera por un momento breve, marcharon muy a la ligera a asesinar y ser asesinados» (1989, p. 326). 7. CONCLUSIONES La guerra llegó a un punto muerto rápidamente, sin que los gobiernos de las potencias lo percibieran. Hoy sabemos que a los cuatro meses de iniciada, en noviembre de 1914, los muchachos ya no podrían volver a casa para la Navidad, que los soldados se instalarían en sus trincheras, entre el lodo, las ratas y el gas mostaza, a esperar el momento en el cual deberían cargar contra las ametralladoras que cegarían sus vidas, día tras día, durante cuatro años. Una generación de jóvenes europeos fue cruelmente diezmada, mientras se sembraban las semillas de los grupos nacionalistas integrados por excombatientes que habían visto el horror y que cuestionarían, desde la virilidad y las emociones, la debilidad de las democracias liberales basadas en la razón, lo cual desencadenó las derivas totalitarias que llevaron a la Segunda Guerra Mundial24. En 1914 no se sabía que todavía faltaban cuatro años más de mortandad y menos aún que veinte años después proseguiría la catástrofe, con nuevas modalidades de causar la muerte. La revolución industrial no solo había creado la fábrica, sino también el matadero en serie. En palabras de Erich María Remarque: Soy joven, tengo veinte años de edad, y sin embargo no conozco nada de la vida más que desazón, muerte, miedo y superficialidad fatua arrojada sobre un abismo de pesar. Veo cómo los pueblos son lanzados uno contra el otro y, en silencio, sin darse cuenta, tontamente, obedientemente, inocentemente, se asesinan entre sí. Veo a las mentes más brillantes del mundo inventar armas y palabras que lo hacen todo más refinado y persistente. Y todos los hombres de mi edad, aquí y allá, alrededor de todo el mundo, ven estas cosas; toda mi generación está experimentando estas cosas conmigo. ¿Qué harían nuestros padres si súbitamente nos pusiéramos de pie delante de ellos y presentáramos nuestro recuento? ¿Qué esperan de nosotros si alguna vez llegase el momento en el que la guerra termine? A través de los años nos hemos dedicado a matar; —fue nuestra primera vocación en la vida. Nuestro conocimiento de la vida se limita a la muerte. ¿Qué ocurrirá después? ¿Y qué será de nosotros? (1975, p. 236). 45

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