El Perú y la Primera Guerra Mundial

tripulados. Es en estos contrastes que la Gran Guerra es vieja pero a la vez es moderna. Los estudios sobre el contexto social y psicológico de las sociedades de la época, concentrados en cómo eran percibidos los sucesos que llevaron a la Gran Guerra, no han tenido muchas contribuciones, pero las existentes son sumamente novedosas y cuestionan ciertas premisas historiográficas (Williamson & May, 2007, p. 337). Entre ellas, destacan trabajos que cuestionan el cliché del apoyo popular a la participación de Francia y Alemania en la guerra. Existe evidencia de que el entusiasmo de la sociedad francesa por la guerra tenía grandes variaciones entre una región y otra, así como entre las áreas rural y urbana. Recién se dio un apoyo generalizado cuando el presidente Poincaré tuvo éxito en presentar a Alemania como el agresor. Igualmente, se ha encontrado que la cobertura de prensa alemana combinaba editoriales que tendían a un apoyo a la guerra, que apelaban al patriotismo, con reportes noticiosos sobre masivas manifestaciones antibélicas organizadas por los socialistas. Más aún, si bien cuando treinta mil personas esperaban en las calles de Berlín la respuesta serbia al ultimátum austriaco, la prensa conservadora proclamó un espíritu de unidad a lo largo del país; en los días posteriores hubo reportes de temor y pánico entre la población. Es innegable que hubo una exaltación patriótica que llevó a cincuenta mil personas al palacio del káiser el 1 de agosto en una manifestación festiva, que 185 000 alemanes se enlistaron en ese mes de agosto y que el canciller Bethmann pudo gobernar sin oposición significativa desde la izquierda. Pero el entusiasmo por la guerra, y el apoyo a los gobiernos, ha sido muy exagerado tanto en los reportes de la época como en las décadas posteriores22. Los gobiernos intervinientes en la Gran Guerra gozaron del apoyo de sus pueblos, una rareza en la historia comparada. Es conocido que hubo opositores a la guerra, quienes consideraban que era un conflicto «imperialista» y se declararon pacifistas. Sin embargo, estuvieron dispuestos a defender el territorio nacional cuando se vio amenazado por otro país (Ferro, 2003, pp. 43-44). El gobierno extranjero o la clase propietaria eran los imperialistas, pero jamás el propio pueblo o la clase trabajadora nacional23. Las demandas patrióticas acentuaban la responsabilidad de los dirigentes nacionales, por lo que se recurrió a hacer recaer la culpa en los estadistas de los países enemigos. Así, para los dirigentes y los pueblos la guerra de 1914 obedecía a cierto tipo de 44

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