El Perú y la Primera Guerra Mundial

exhibió una comprensión de las motivaciones e intereses ingleses de la cual carecieron los políticos alemanes. Esta diferencia fue fundamental para asegurar el alineamiento británico con los rusos y franceses frente a Alemania y Austria18. Respecto al Reino Unido, jamás se ha sugerido que la política exterior británica haya causado la Gran Guerra, pero sí se han cuestionado desde diversos puntos de vista las decisiones adoptadas por el gobierno inglés. La posición de Londres solo puede ser entendida desde el punto de partida de su «espléndido aislamiento», observando desde las gradas las luchas entre las demás potencias e interviniendo solo cuando se necesitaba su mediación o su balanceo de poder para resolver alguna de las periódicas crisis internacionales. El ascenso alemán tras la unificación de 1871 progresivamente fue llevando a Londres a abandonar su aislamiento voluntario, dados los constreñimientos que el cambio en las posiciones relativas de poder ocasionaron en la política internacional. Al analizar la correlación de fuerzas entre Inglaterra y Alemania se suele partir de la premisa de que el poder naval británico se veía amenazado por el ascenso alemán. Alemania había generado una actitud hostil en la opinión pública inglesa al iniciar en 1897 la construcción de una gran flota naval que pudiera, eventualmente, hacer frente a la británica. Ello motivó una honda preocupación en la opinión pública y el gobierno británicos, que respondieron a la amenaza alemana con la construcción del acorazado Dreadnought en 1906, un nuevo tipo de buque de guerra que contaba con innovaciones como la mayor eficiencia de los motores de turbina, la protección más efectiva de los acorazados y la capacidad de llevar más cañones, todo lo cual garantizaba la superioridad naval inglesa. La competencia generó enemistad y sospecha entre ambos países, porque la postura alemana se explicaba bajo dos hipótesis: o era un intento de Berlín por aumentar su poder frente a otras potencias, y un desafío directo a la supremacía británica; o era un requisito para que la potencia emergente pudiera tener un rol mayor en la política internacional acorde con sus capacidades (Mombauer, 2002, p. 6). Esa distinción era irrelevante para Inglaterra. En términos prácticos, el peligro jamás fue que Alemania se propusiera tomar el lugar del Reino Unido como potencia global, sino que la retórica agitadora del nacionalismo alemán rápidamente degeneró en la anglofobia. El almirante Alfred von Tirpitz, artífice de la expansión naval alemana, negaba que se buscara la capacidad de derrotar a los ingleses, sino que el objetivo 37

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx