El Perú y la Primera Guerra Mundial

Con todo, un mes después del inicio de la crisis, cuando ya la guerra había comenzado, Austria y Serbia, los contendientes originarios, eran jugadores menores. Por ello, ya analizados los intercambios entre Berlín y Viena, corresponde concentrarse en la Entente Cordial, y cómo la actitud de sus integrantes ante la nueva crisis balcánica exacerbó el conflicto. Hay que recordar que, si bien se suele hablar de dos coaliciones contrapuestas en la Europa de inicios del siglo XX, a diferencia de una alianza, la entente se basaba en lazos más informales que no incorporaban obligaciones internacionales. Es por ello que existía una mayor preocupación en Francia y Rusia sobre la fiabilidad del compromiso británico, que entre Alemania y Austria respecto del cumplimiento de su deber de asistencia recíproca. Es importante precisar que, respecto a la relación entre las acciones alemanas y las rusas, el consenso historiográfico parece dividirse en dos campos. A menudo se ha recurrido a tomar partido por alguna de estas posiciones, como ya se explicó líneas arriba sobre las narrativas acusatorias. Sin embargo, en este ensayo se ha preferido buscar comprender cómo operaron conjuntamente los diversos Estados beligerantes y sus respectivos gobernantes, el quid del asunto en el problema histórico de cómo se llegó a la guerra en 1914. En palabras de Van Evera: Si uno acepta el punto de vista […] de que los objetivos de Alemania eran agresivos, uno enfatizará el rol del culto [de la ofensiva] que alimentó el expansionismo alemán, el pensamiento alemán sobre las ventanas de oportunidad, y la habilidad alemana de catalizar una guerra a la par que escondía su responsabilidad al provocar un ataque preventivo de sus adversarios. Si uno considera que Alemania fue menos agresiva, se concentrará en el rol de los incentivos para un ataque preventivo en el impulso a las decisiones rusa y francesa de movilizarse, el fracaso británico en detener a Rusia y advertir a Alemania, el alcance y la irreversibilidad del fait accompli austro-alemán y los varios otros errores de los estadistas (1984, pp. 105-106). De este modo, existe una relación inversa entre la percepción de la responsabilidad rusa y la alemana. Cuando los historiadores partían de la premisa de la culpa de Alemania, establecida en el tratado de Versalles, se tendía a asumir que las acciones rusas eran una respuesta a la beligerancia de Berlín. Al contrario, quienes cuestionan el veredicto de 1919 arguyen que las elecciones realizadas en San Petersburgo fueron decisivas para el inicio de la conflagración. Hoy, asumiendo que las consideraciones sobre culpa son inadmisibles, se puede intentar buscar una explicación que 33

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