El Perú y la Primera Guerra Mundial

de una acción continua, que buscaba sorprender al adversario y lograr una ventaja de tiempo antes de poder reaccionar al ataque germánico. Por ejemplo, Alemania invadió Luxemburgo el 1 de agosto, el mismo día en que se ordenó la movilización. Esta acción continua partía de la percepción en Alemania de que se perdería la ocasión para la victoria, y se crearía un grave riesgo para el país, al dar tiempo a que la Entente movilizara sus ejércitos mucho más numerosos (Van Evera, 1984, pp. 9293). En suma, el plan Schlieffen era el gatillo para la guerra. Y el percutor sería Alemania. Lo que resta definir es quién tiró del gatillo: si fue una decisión del gobierno alemán o si Alemania fue empujada a ello por la inflexibilidad de sus eventuales contendientes en la guerra. La pregunta que sigue a este razonamiento —por ejemplo, si sabían los actores de 1914 que la movilización significaría guerra— no ha hallado una respuesta de consenso. Marc Trachtenberg es uno de los pocos autores que sostiene sin ambages que Rusia lo sabía y asumió los riesgos en su «provocación» sobre Alemania, pero la mayoría es más ambigua al respecto (Trachtenberg, 1990-1991, pp. 120-150)15. No existe evidencia convincente de que en 1914 se iniciara una guerra preventiva a instancias de los generales alemanes. Como señalan Williamson y May, los Estados mayores en cada país deben pensar en hipótesis de guerra, hablar de guerra, prepararse para la guerra; pero ello es distinto a hacer la guerra. Existen características de la Alemania de 1914 que hoy son poco atractivas: un káiser veleidoso con el poder constitucional de decidir sobre la guerra, un militarismo que permeaba prácticamente cada aspecto de la sociedad alemana, un sistema político groseramente antidemocrático y una turbulenta sociedad agrario-industrial. Pero, pese a ello, y pese al debate sobre el significado de la movilización, las acciones de Berlín en la crisis de julio de 1914 fueron mucho más contenidas que las de Viena o San Petersburgo (Williamson & May, 2007, p. 366). Además, es un error deducir intenciones políticas de los planes militares. Los planes son precauciones, no guiones para la agresión (Taylor, 1954, p. 13). Luego de la respuesta serbia, en Alemania hubo incluso intentos de mantener la paz, primero, por parte del káiser, y posteriormente del canciller Theobald von Bethmann-Hollweg: «se había abierto una fisura en la estructura de toma de decisiones alemana. El punto de vista del soberano no calzaba con el de los más importantes tomadores de decisiones políticas. Pero la fisura fue cerrada pronto» (Clark, 2013, pp. 523 y 524). 32

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