El Perú y la Primera Guerra Mundial

francés se pudieran coordinar las medidas por adoptarse en el caso de un ataque austriaco contra Serbia (Ferro, 2002, pp. 45 y 46). El ultimátum austriaco a Serbia fue diseñado específicamente para ser rechazado, al incluir una provisión que demandaba la participación de las autoridades vienesas en una investigación conjunta con sus contrapartes serbias sobre al asesinato del archiduque. Como ya se ha visto, Belgrado jamás podría aceptar esa última provisión porque se pondría en evidencia que conocía los planes de los terroristas y se asumiría que el gobierno serbio había participado en ellos o, al menos, que no había hecho lo suficiente para impedirlos. Con excepción de la investigación conjunta, Serbia aceptó el ultimátum austriaco. Ante ese desarrollo, una vez más cobró vigencia la creencia de que, como en ocasiones previas, a última hora se evitarían las hostilidades, que se llegaría a una solución para la crisis, lo que impidió considerar la inminencia de la guerra, que la catástrofe efectivamente se cernía sobre Europa. Como señala Hobsbawm, parecería que quienes decidieron las movilizaciones y emitieron las declaraciones de guerra no lo hicieron porque lo desearan, sino porque no podían evitarlo (1989, p. 304). Incluso el káiser Guillermo II consultó con sus generales si, después de todo, la guerra no podría ser localizada en Europa oriental, evitando atacar a Francia y Rusia. Su estado mayor, en seguimiento del plan Schlieffen, le informó que ello era imposible: la guerra sería total, hasta eliminar a los adversarios. El plan Schlieffen es el sucesor al plan decimonónico de Helmut von Moltke, el jefe de Estado Mayor de Bismarck14. De acuerdo con el plan Moltke, diseñado con el objetivo de forzar una solución política para lidiar con la pesadilla de la guerra en dos frentes, contra Francia y Rusia, las fuerzas alemanas debían dividirse para hacer defender ambos flancos, deteniendo los ataques enemigos iniciales y dando espacio a que las negociaciones diplomáticas desactivaran el conflicto. De este modo, la conducción de la guerra permanecía sujeta a la política, sirviendo como la continuación de la política, en términos de Clausewitz. Para Alfred von Schlieffen, ello dejaba a Alemania sujeta a la iniciativa de sus enemigos, por lo que diseñó un nuevo plan de guerra ofensiva en dos frentes. El plan Schlieffen, un cambio fundamental en la estrategia alemana, daba por sentada la movilización lenta de Rusia, pues tomaba en cuenta su retraso tecnológico y la vastedad de su territorio. Requería marchar primero sobre Francia, circunvalando las fortificaciones defensivas francesas al pasar por Bélgica, capturar París y atacar la 30

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