El Perú y la Primera Guerra Mundial

intención era atacar a Serbia, y confiaba en que Rusia y Francia no se involucrarían: presumía que el zar jamás apoyaría a regicidas y los franceses no tenían suficiente artillería pesada como para una acción militar. Tanto Alemania como Austria veían con buenos ojos una intervención contra Serbia, pero les preocupaba la reacción de las otras potencias. Considerando estos elementos, Guillermo II comunicó a Viena el «cheque en blanco»: Alemania apoyaría a Austria en cualquier acción que Viena emprendiera contra Serbia, incluyendo la guerra. El debate sobre las acciones alemanas necesariamente ha de pasar por el apoyo del káiser Guillermo II a los Habsburgo. Esta decisión ha sido vista como un acto impulsivo que precipitó la beligerancia austriaca y arrastró a Europa a una guerra general. Sin embargo, anteriormente el káiser contuvo los impulsos agresivos de Viena en las guerras balcánicas de 1912 y 1913 e insistió en llegar a un entendimiento con Serbia. Tras el asesinato de Francisco Fernando, accedió a apoyar a Austria bajo la premisa de que los miembros de la Entente no intervendrían, confiando en la posibilidad de una guerra localizada. Cuando Austria declaró la guerra a Serbia y se inició la movilización rusa, el káiser demoró la decisión de iniciar el ataque alemán hasta no asegurarse de qué actitud tomaría Londres. Solo ordenó la ejecución de los planes de guerra alemanes cuando supo que el Reino Unido intervendría, con lo que la guerra ya era inevitable (Clark, 2013, pp. 520-524). En suma, el famoso «cheque en blanco» no fue exactamente una promesa de apoyar cualquier curso de acción ni una expresión de la preferencia por una guerra general, sino que su alcance debe ser matizado por las percepciones de la cadena de eventos de julio de 1914. Guillermo II siempre asumió que la guerra contra Serbia podría ser focalizada, que Rusia y el Reino Unido no intervendrían y, por tanto, que el conflicto no escalaría a una guerra general. Las consideraciones del cálculo alemán-austriaco sobre la reacción rusa, que en ese momento era la variable más importante, son evidentes al recordar las fechas: el archiduque fue asesinado el 28 de junio y el 7 de julio el gobierno austriaco decidió darle a Serbia un ultimátum, pero este recién fue transmitido a Belgrado el 23 de julio, casi un mes después del crimen y más de dos semanas después de haber adoptado la decisión. Ello se explica por la visita de Estado del presidente francés, Raymond Poincaré, a Rusia, del 20 al 23 de julio. Así, Austria esperó a que el mandatario francés partiera de San Petersburgo para comunicar su ultimátum a Serbia, para impedir que en el marco del encuentro ruso29

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