El Perú y la Primera Guerra Mundial

En los primeros años del siglo XX hubo una serie de crisis internacionales que tuvieron un efecto disruptivo en el sistema internacional, pusieron a prueba los grados de compromiso de los integrantes de las alianzas y aumentaron su ansiedad e incertidumbre. A la par que se ofrecía seguridad sobre la fiabilidad de los socios, se temían las acciones e intereses de los interlocutores. Peor aún, los tomadores de decisiones comenzaron a pensar que siempre podrían controlar las cada vez más intensas y peligrosas crisis; que al final surgiría una solución o se llegaría a un entendimiento que evitaría el recurso a la guerra. Dichos incidentes se concentraron en dos regiones: el norte de África y los Balcanes. Es importante evaluar brevemente el contenido de estas crisis, especialmente por su efecto en las relaciones entre los miembros de la Entente con Alemania y en la lucha entre Austria y Rusia por los exterritorios del Imperio otomano en los Balcanes11. El cuestionamiento alemán al intervencionismo francés en Marruecos propició, en dos oportunidades, crisis internacionales: en 1905 y 1911. Más grave, la progresiva descomposición del Imperio Otomano, «el enfermo de Europa» en la terminología de la época, fue escenario de los intereses contrapuestos de Austria-Hungría y Rusia en los Balcanes, con la anexión unilateral, sin consultarlo con las otras potencias, de Bosnia-Herzegovina al imperio austro-húngaro y las dos guerras balcánicas de 1912 y 1913 como muestras del acercamiento a un punto de quiebre, con lo cual se redibujaron los límites, se exacerbaron tensiones y se dejó a las potencias europeas «al borde del abismo» (Evans, 2014). A fines del siglo XIX, con la aquiescencia británica y alemana, Marruecos, una antigua monarquía feudal, pasó a ser administrada por Francia y España. Con el consentimiento de las otras potencias, pero ignorando a Berlín, París buscó extender su control en 1905, con el fin de presentarle la situación a Alemania como un hecho consumado. Tras la derrota rusa en la guerra con Japón y la revolución de 1905, en Berlín se entendió que ese era el momento propicio para ejercer presión sobre París y consolidar la predominancia de Alemania en el sistema internacional, dada la percepción que este país tenía de la debilidad de Rusia, aliada de Francia. Por ello, el káiser Guillermo II objetó la acción gala y se presentó personalmente en marzo de 1905 en el puerto marroquí de Tangier, hecho que confirmó el estatus de Marruecos como gobierno independiente y demandó libre comercio e igualdad de derechos con Alemania. Esto equivalía a una amenaza de guerra contra Francia, que pocos meses 21

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