socialistas y otros elementos insubordinados en la sociedad alemana y su ambición expansionista y revisionista del sistema internacional8. El problema de las narrativas acusatorias es que son teleológicas. Su principal interés no es histórico, sino que buscan demostrar la culpa del acusado y, por ello, llevan al historiador a seleccionar e interpretar la evidencia en función a probar un caso, el cual, a su vez, puede estar motivado por una variedad de intereses políticos y culturales9. Por ejemplo, la acusación de Fischer sobre el militarismo alemán antes de la Primera Guerra Mundial, bien documentada pero tergiversando las fuentes, fue un medio para expiar los pecados del gobierno de su país en la Segunda Guerra Mundial, reconociéndole a Alemania una raigambre expansionista, una aspiración de dominio mundial. En suma, para desvelar el problema histórico, se debe abandonar la noción de culpa, ya sea como objetivo, como premisa o como hilo conductor de la reflexión sobre la Gran Guerra. Guillermo II y su estado mayor no iniciaron la guerra bajo un plan malvado para desestabilizar el continente y lograr la dominación mundial. Es innegable que Alemania le dio a una Austria vengativa el famoso «cheque en blanco» y que cometió el gravísimo error de invadir Bélgica sin que fuera estratégicamente necesario, con lo cual arrastró a Gran Bretaña a la guerra. Pero no puede ignorarse que el gobierno austriaco fue inflexible e imprudente en su manejo de la relación con Serbia, al considerar que era un problema acotado y sin contemplar que podía iniciar una guerra general por las reacciones rusa, alemana y francesa; que Rusia y Francia crearon en las potencias centrales, Alemania y Austria, el temor de una guerra en dos frentes; y que el Reino Unido no supo acomodar a la potencia ascendente, Alemania, ni dar a Francia y Rusia la confianza de que intervendría contra Alemania y Austria de ser necesario10. Al evaluar la evidencia disponible, en 1914 hubo pecados de omisión y comisión, graves errores diplomáticos y militares, pero ningún culpable, ningún titiritero jugando con el destino de Europa. Ello no quiere decir que fueran inocentes: la responsabilidad por el conflicto es compartida entre todos los gobiernos intervinientes. Hay sangre en las manos de cada uno de los líderes políticos y militares que decidieron que las armas eran el camino a seguir para resolver una crisis europea periférica. 4. FACTORES DE TENSIÓN EN EL SISTEMA INTERNACIONAL: UNA DÉCADA DE CRISIS RECURRENTES Y LA CARRERA ARMAMENTISTA 20
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