El Perú y la Primera Guerra Mundial

de cuarenta volúmenes de fuentes que vindicaban las acciones alemanas. El Reino Unido respondió con los trece volúmenes de los British Documents on the Origins of the War; Francia hizo lo propio con los cuarenta y un tomos de los Documents diplomatiques français y el nuevo Estado austriaco publicó nueve volúmenes en defensa de la política exterior de su predecesor imperial. Siempre revolucionario, el gobierno soviético no defendió al antiguo régimen zarista, sino que denunció sus inequidades, reveló sus secretos y lo acusó de imperialista en el «Archivo Rojo»7. A partir de estas consideraciones, y sin que ello haya impedido que resurjan las narrativas acusatorias, progresivamente la historiografía dejó de concentrarse en atribuir o refutar culpas y responsabilidades, para llegar a un punto de vista más balanceado. Este consenso fue considerado un revisionismo sobre la noción de la culpa alemana y se basó en la copiosa evidencia disponible, que mostraba cómo todas las partes involucradas asumieron riesgos y tomaron decisiones que contribuyeron a que la guerra fuera más probable. En palabras de Fay, escritas en 1928: Ningún historiador serio acepta más el dictum de los aliados victoriosos de 1919 de que Alemania y sus aliados eran los únicos responsables. Todos concuerdan en que la responsabilidad está dividida; simplemente difieren sobre la responsabilidad relativa de cada una de las grandes potencias (1966, p. 17). El mayor desarrollo en esta línea, y todavía el trabajo más influyente y completo sobre la Gran Guerra, es la obra de Luigi Albertini, publicada en 1942, que ofrece en tres tomos una presentación sutil de los individuos que tomaron, o evitaron tomar, las decisiones que llevaron a la guerra. El autor italiano concluye que el camino a la guerra, un proceso complejo y confuso, se dio con una responsabilidad compartida entre todos los participantes. Como un péndulo, el consenso que supuso el trabajo de Albertini fue cuestionado en 1969 por el historiador alemán Fritz Fischer, quien sostenía que hubo una estrategia premeditada en Alemania que llevó a la Gran Guerra: «su tesis fundamental: el Estado autoritario del imperio buscaba el ascenso de Alemania a potencia mundial a cualquier precio y solo así se explican los acontecimientos de 1914; ese sería su verdadero núcleo» (Käppner, 2014). De acuerdo con Fischer, el káiser Guillermo II y sus ministros provocaron el conflicto con una combinación de factores internos e internacionales: el deseo de distraer y disciplinar a los 19

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