El Perú y la Primera Guerra Mundial

La célebre frase de Clausewitz resume este orden de ideas: la guerra era efectivamente la continuación de la política por otros medios. Sin embargo, la figura de la culpabilidad alemana proveyó de un punto inicial al debate sobre los orígenes de la guerra. El valioso estudio de Annika Mombauer sobre las controversias y consensos respecto a los orígenes de la Gran Guerra sitúa este punto inicial en dos miradas: el deseo alemán de liberarse de la percepción de culpabilidad y la demanda de la sociedad internacional por comprender el conflicto y evitar su recurrencia. La culpa ha sido así un campo fértil para la historia de la Gran Guerra. De hecho, la disciplina de las relaciones internacionales nació ante el horror de 1914, con el establecimiento de la cátedra Woodrow Wilson en la Universidad de Aberystwyth en 1919, para procurar estudiar cómo se llegó a la guerra y cómo prevenir que ello ocurriera nuevamente. Es importante descartar la noción de culpabilidad como un problema histórico. Eric Hobsbawm sugiere que la culpa es un problema moral, que solo concierne a la historia periféricamente. Es innegable que había posiciones agresivas y defensivas y que en las guerras de expansión colonial había una potencia atacante y un territorio de ultramar atacado, pero también es ampliamente conocido que a inicios del siglo XX las guerras todavía eran hechos regulares y normales en la conducción de la política internacional. Se esperaba, e incluso se temía, que cualquier Estado tomara la iniciativa militar. Como concluye el historiador inglés, aún no se aplicaba el eufemismo «ministerio de Defensa» a los «ministerios de Guerra» (Hobsbawm, 1989, p. 310). Adicionalmente, asumir una posición acusatoria sobre la culpa requiere probar que, sin la acción criminal voluntaria, o al menos sin la negligencia criminal, de los líderes gubernamentales involucrados, la guerra no habría sucedido. Típicamente, los historiadores que parten de la culpa proponen análisis contrafácticos o buscan asignar o refutar responsabilidades apriorísticamente. Desde un punto de vista metodológico ambas suelen ser recetas para hacer mala historia. Aun asumiendo que estos caminos puedan ser apropiados, los archivos correspondientes fueron distorsionados incluso antes de que empezara la guerra, cuando los gobiernos involucrados en las tensiones que condujeron a ella buscaron escapar a su eventual responsabilidad (Clark, 2013, pp. 560-561; Laqueur, 2013). Luego de Versalles, el primer país en desafiar el «veredicto de la historia» fue, como era de esperarse, Alemania, que estableció el Centro para el Estudio de la Cuestión de la Culpa por la Guerra, que publicó más 18

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx