inflación de los precios de los alimentos que impulsó las demandas de artesanos y obreros por un aumento de salarios. En este contexto, el proletariado crece; en 1918 se producen huelgas, protestas, desordenes en Lima. La presión popular hace que se legalice la jornada de las ocho horas. Sin duda, una reivindicación con correlato en la realidad local pero también heredera de los movimientos en el Viejo Continente. La Primera Guerra Mundial fue el preludio del fin de la República Aristocrática en el Perú, en la que se distinguen dos fases muy marcadas y con efectos diversos en los distintos sectores de la economía nacional: el inicio de la guerra (1914-1915) produjo el cierre de los mercados internacionales, la interrupción de préstamos y créditos bancarios extranjeros, el aumento de los precios de los productos importados y la baja significativa en los ingresos arancelarios del Estado, que creó graves dificultades para el pago de los haberes de los empleados públicos; y una segunda fase a mediados de 1916, durante el segundo periodo presidencial de José Pardo (1915-1919), que se caracterizó por el alza de los productos de exportación, la racionalización de los gastos gubernamentales, el aumento de los presupuestos en proporción a los gastos indispensables y la reanudación del pago de las acreencias, que permitieron una rápida recuperación económica (Valdizán, Armas, Palacios & Seiner, 2013, p. 172 )155. Así como en el transcurso de la Primera Guerra Mundial el Perú se favoreció por el valor de las exportaciones, el fin de este conflicto dejó serias consecuencias económicas y sociales al país, entre ellas, los problemas de la subsistencia y la carestía de vida. El Estado empezó a esbozar las nuevas funciones económicas de mediador e intermediario entre el productor y el consumidor, pero esto no logró impedir la aparición de monopolios inescrupulosos que acrecentaron la agitación social con movilizaciones, paros y huelgas (Valdizán, Armas, Palacios & Seiner, 2013, p. 173). El impacto económico de la posguerra ocurre en el Perú durante el gobierno de Augusto B. Leguía, quien puso fin al gobierno civilista de José Pardo. En este periodo fue evidente la nueva correlación de fuerzas en el escenario internacional con el posicionamiento de los capitales norteamericanos en el Perú. Recuerda Silva Santisteban: […] como los ingresos fiscales no eran suficientes, la prodigalidad con la que aseguraba la tranquilidad y estabilidad políticas fue sufragada en parte con una 169
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