El Perú y la Primera Guerra Mundial

serie de empréstitos que se colocó entre los banqueros norteamericanos. Los requerimientos de Leguía coincidieron con el interés de la banca y de los capitalistas norteamericanos por colocar sus capitales en el extranjero para así resolver los problemas que se les presentaban por la acumulación interna (1982, p. 113). Es en este contexto que Leguía se aleja del civilismo y promete un gobierno con un corte más popular. Gran parte de la Patria Nueva —como se denominó su gobierno— fue financiada por préstamos auspiciados por la banca norteamericana. Es así que de 1923 a 1930 se da un periodo de hegemonía norteamericana y abierto apoyo de la burguesía industrial (Silva Santisteban, 1982, p. 129). Los préstamos contraídos durante este periodo produjeron que la deuda externa se duplicara en el marco de múltiples empréstitos y denuncias de corrupción. La magnitud de los préstamos fue tal que determinó que el Senado de Estados Unidos ordenara, en 1931, una investigación sobre los empréstitos colocados al Perú por los banqueros norteamericanos, en la cual se rebeló que Juan Leguía, hijo del presidente, había recibido la suma de 450 000 dólares de J. y W. Seligman y Co. y de la National City Co. (holding del National City Bank) por sus servicios en relación con un préstamo de cincuenta millones de dólares que esas casas acordaron al Perú (Silva Santisteban, 1982, p. 114). Los ecos de los tiempos de la Primera Guerra y sus consecuencias llegan también al Perú en el campo de las ideologías y el movimiento intelectual y social. El pensamiento marxista se difundía ampliamente a partir de la Revolución Rusa y atraía a obreros e intelectuales. Aparecen figuras emblemáticas como Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui «quienes establecieron en el Perú las bases para un pensamiento y una acción antiimperialista y antioligárquica dirigidos hacia la participación de las grandes mayorías y de las capas medias urbanas en la política nacional» (Silva Santisteban, 1982, p. 114). Cabe recordar que Haya de la Torre fundó en México, en 1924, un movimiento o frente llamado Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), con un programa que inicialmente parecía acercarse a la Internacional Comunista. Sin embargo, pocos años después se marcaría la distancia entre apristas y socialistas en el Perú (Burga & Flores Galindo, 1987, p. 176). Un ejemplo más de la repercusión de la dinámica de posguerra en nuestro país. 170

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