(Clark, 2013, pp. 166-167). Si bien los acuerdos coadyuvaron a la catástrofe, no fueron factores estructurales del sistema europeo, sino el resultado de ajustes de corto plazo: sin la derrota en 1905 en la guerra con Japón, Rusia no hubiera abandonado sus designios en el Asia Central y pasado a concentrar su atención en los Balcanes; sin la llegada al poder del canciller inglés sir Edward Grey, Alemania no hubiera pasado a ser el asunto central de la política exterior británica. Así, lo pequeño, lo contingente, puede hacer la diferencia sobre el tapiz de la gran historia. El paso de lo necesario a lo contingente, de las grandes causas —como los cambios en la estructura del sistema internacional— a las causas inmediatas —como las vicisitudes en la toma de decisiones—, permite retomar la importancia del diálogo entre las teorías estructurales y las explicaciones causales, entre la gran historia y la pequeña historia. Efectivamente existía una Europa dividida en dos bandos, pero esa estructura internacional no es suficiente para explicar por qué en 1914 se inició la guerra, si necesariamente debía haber alguna guerra o si la explicación sistémica esconde otras causas. Sí puede sostenerse que el debate interno en cada Estado era buscar el momento propicio, o el menos desfavorable, para iniciar las hostilidades. El problema del origen de la guerra no pasa entonces por identificar al agresor, sino que se encuentra en la naturaleza de una situación internacional deteriorada progresivamente que los gobiernos no pudieron controlar (Hobsbawm, 1989, p. 312). Por ello, las preguntas más apropiadas sobre el origen de la Gran Guerra, cien años después, deben dirigirse no a lo que se sabe hoy, sino a lo que sabían los tomadores de decisiones en 1914. Este punto de vista genera un interés en los procedimientos gubernamentales y burocráticos, asunto que orientará la narrativa que se presenta en este ensayo. Como explica Clark: Este gran punto de inflexión […] ayuda a explicar la emergencia de las estructuras en las cuales se hizo posible una guerra continental. Pero no puede explicar las razones específicas por las cuales el conflicto se precipitó. Para poder hacerlo, necesitamos examinar cómo los procesos de toma de decisiones dieron forma a determinadas políticas y cómo la vaga red de alianzas continentales se vio entrelazada con los conflictos que se desarrollaban en la península balcánica (2013, p. 167). Respecto a los procesos de toma de decisiones, es una ilusión pensar los actores estatales de 1914 —Francia, Alemania, Rusia— como entidades que decidían sobre la guerra; en políticos o gobernantes específicos hablando en el nombre de sus naciones. La información fluía o se detenía, 16
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