El Perú y la Primera Guerra Mundial

llegada de la guerra. En igual medida, las alianzas aumentaron el poder y la confianza de sus miembros, a la par que debilitaron e hicieron más inseguro el sistema (MacMillan, 2013, p. 27). Sin embargo, las alianzas no son en sí mismas causa de las guerras. De hecho, durante veinte años Bismarck maniobró una tupida red de alianzas para mantener la paz. El sistema de alianzas solo se convirtió en un problema cuando estas se anquilosaron, cuando se hicieron permanentes, y, especialmente, cuando las disputas entre ellas se convirtieron en problemas inmanejables. Es sostenible que en 1914 la guerra se inició porque, luego de sucesivas crisis, los miembros de las alianzas decidieron ponerlas a prueba, para confirmar que los compromisos acordados serían respetados. Paradójicamente, la naturaleza de las alianzas en tiempos de paz es prevenir la ocurrencia de la guerra, servir como una variable disuasiva en la política internacional. Como recuerdan Williamson y May, Si las alianzas no logran disuadir, entonces se vuelven operacionales, peligrosas y proclives a escalar. Estos acuerdos de largo plazo, entonces novedosos en las relaciones internacionales, aseguraron la expansión de la guerra en lugar de convertirse en un medio para evitarla. Entenderlas continúa siendo esencial para explicar la tormenta de fuego que azotó Europa durante un periodo de diez días a fines de julio e inicios de agosto de 1914 (2007, p. 345). Con todo, recurrir a la explicación del sistema europeo de dos alianzas en oposición es una construcción ex post facto. Las narrativas de posguerra operan como un libro abierto, tras la abundante documentación publicada por los gobiernos intervinientes y una larga serie de trabajos académicos que buscan explicar los eventos. Pero la mayor parte de la profusa red de tratados sobre la que reposaba dicho sistema eran acuerdos secretos o, más precisamente, que debían permanecer ocultos (Hamilton & Herwig, 2003, p. 22). No es cierto que, como se suele leer en los manuales de historia, los dos campos estuvieran claramente delimitados. Como recuerda Clark, Francia y Alemania llegaron a un acuerdo en 1909 sobre la cuestión marroquí y en 1910 representantes de Alemania y Rusia se reunieron para solucionar sus diferencias sobre sus intereses en Turquía y Persia. Incluso, si bien es cierto que Alemania pasó a ser el gran enemigo imaginado para el Reino Unido, al reemplazar a Rusia y el «gran juego», hubo importantes voces en Londres que consideraban la amenaza rusa sobre la India y el Asia Central mayor a la alemana sobre el mar o el continente. Estos gestos eran señales significativas de la posibilidad de una distensión en la política internacional y de que el futuro, la guerra de 1914, no estaba determinado 15

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