enemigos, como fue el caso del Perú, que en 1917 rompió con Alemania, con ocasión del hundimiento del buque peruano Lorton. Los derrotados no fueron invitados por lo que todos los acuerdos, salvo el de Lausana con Turquía en 1923, no fueron realmente negociados sino impuestos a los vencidos. Las negociaciones se dieron en el marco de las tendencias de las potencias europeas, en las que se entremezclaban posiciones que reflejaban un enfoque realista y las pretensiones de Wilson de establecer un orden pacífico basado en una mirada fundamentalmente idealista que se impondría a principios de siglo XX. El presidente de EE.UU. Woodrow Wilson, expuso en 1918, en el contexto del fin de la guerra, el programa de Catorce Puntos, considerado el credo del idealismo. Con ellos presenta lo que consideraba los principios que deberían guiar al mundo de posguerra. Los cinco primeros puntos constituyen los aspectos fundamentales de su pensamiento: practicar la diplomacia abierta, la libertad de los mares, la remoción hasta donde fuera posible de las barreras del comercio, la reducción de armamentos y el ajuste imparcial de todas las pretensiones coloniales basados en la autodeterminación. El punto 14 postulaba una asociación general de naciones que garantizara la integridad territorial e independencia de todos los países grandes y pequeños (Ortiz, 2000, pp. 97-98). En conjunto, las clausulas territoriales del Tratado de Versalles quitaban a Alemania una sétima parte de su superficie y una décima parte de su población. Perdía todas sus colonias, la mayor parte de su armada, la casi totalidad de su flota mercante y la propiedad en el extranjero de los ciudadanos alemanes (Ortiz, 2000, pp. 93). También se le imponía la restricción de su soberanía, previendo la desmilitarización de ciertas zonas, se impedía el servicio militar obligatorio y se redujo sus efectivos militares a cien mil. Asimismo, el tratado privaba a Alemania de poseer artillería pesada y su marina quedaba reducida a la defensa de costas. El canal de Kiel quedó abierto a todos los barcos y las vías fluviales alemanas fueron internacionalizadas. La República Alemana aceptó el tratado pero se negó a declararse responsable del conflicto y a entregar a los culpables de la guerra (Pirenne, 1987). Por su parte, los tratados de Saint-Germain, el firmado con Austria en setiembre de 1919 y el de Trianon, concertado con Hungría en junio de 1920, marcaron la desaparición el Imperio austro-húngaro. 159
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