Además, los otros convenios elaborados por la misma asamblea amalgamaban Serbia, Croacia y Eslovenia; Polonia fue reconstruida como Estado independiente; Rumanía aumentó su territorio; Grecia creció a costa de Turquía; se creó la nueva República de Checoslovaquia, y se reconoció como independientes a las naciones balcánicas. Siria y Líbano quedaron confinados a Francia y Palestina, Transjordania e Irak a Inglaterra, en calidad de mandatos (Thomson, 1997, pp. 94-95). Al margen de su vulnerabilidad por los frágiles equilibrios logrados entre los distintos enfoques, el Tratado de Versalles nació debilitado principalmente por la exclusión de las principales potencias mundiales de ese entonces. Se dio así el caso de que la paz en que concluyó la guerra para poner fin a todas las guerras no incluyó a las dos naciones más fuertes de Europa —Alemania y Rusia— que, unidas, contenían bastante más de la mitad de la población de Europa y, con mucho, el mayor potencial militar. Este hecho por sí solo, bastó para condenar los acuerdos de Versalles (Kissinger, 1995, p. 228). El gran ausente resultó ser EE.UU., cuyo líder, el presidente Wilson, era el gran artífice del acuerdo pero cuyo Congreso no ratificó. Este hecho fue un duro golpe al Tratado de Versalles, particularmente al papel previsto para la Sociedad de Naciones. Como señala Hobsbawm, «en un mundo que ya no era eurocéntrico y eurodeterminado, no podría ser viable ningún tratado que no contará con el apoyo de ese país, que se había convertido en una de las primeras potencias mundiales» (2011, p. 43). Al Tratado de Versalles se le critica también por ser muy severo cuando no debió serlo e indulgente en aspectos en los que no era conveniente (Thomson, 1997, p. 91). Las medidas impuestas no habrían sido eficaces para detener la potencia militar alemana y habrían, fundamentalmente, logrado creciente insatisfacción y resentimiento que hubiesen alimentado los acontecimientos que llevaron a la Segunda Guerra Mundial. En su implementación, el sistema de Versalles fue apartándose de su pretensión original cuando ante la no ratificación del tratado por parte de EE.UU., Estados vencedores como Gran Bretaña y Francia se alejaron del internacionalismo wilsoniano y quisieron volver a la dinámica del equilibrio de poder del concierto europeo, incorporando incluso a Alemania y a la URSS. Y si de consecuencias de la Primera Guerra Mundial hablamos, es claro que se tiene que considerar a la Segunda Guerra Mundial como una directa, en la medida en que una de las principales razones de su estallido 160
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