El Perú y la Primera Guerra Mundial

la emigración como un mal inevitable, del cual debía sacarse provecho. Una declaración oficial decía: La emigración es un mal, porque empobrece la nación de elementos activos que van al extranjero, donde se convierten en glóbulos rojos de países anémicos. Este mal puede ser minimizado con la organización y convertido en un peso a nuestro favor, a nivel internacional (citado en Bertonha, 2001, p. 42). Se aplicó el concepto de la «patria en expansión» que ya había sido planteada por nacionalistas italianos en la época anterior. En ella había una visión mística de la emigración, como expresión de debilidad pero también de fortaleza de la raza italiana en el mundo. Otra idea que estaba a la base de esta política es que, para que los emigrantes fuesen instrumentos del régimen, era esencial que ellos recuperen la ligazón con la madre patria y aceptar la tutela del Estado italiano. A finales de la década de 1920 la política del régimen acerca de la emigración sufrió un cambio significativo. En esa segunda fase, el régimen incidirá en la concepción según la cual la emigración era una salida inútil de mano de obra de la nación; desde entonces se adoptaron medidas destinadas a obstaculizar el movimiento migratorio. Esta fase coincidió con un nuevo contexto internacional en el cual los países que hasta entonces habían sido recipientes de inmigración empezaron a aplicar medidas tendientes a controlar el ingreso de inmigrantes. Ello se dio en Estados Unidos, pero también en América Latina y el Perú (Bonfiglio, 2001). Fue un periodo de fortalecimiento y hasta de exacerbación de los nacionalismos en todo el mundo, en el contexto internacional que llevó a la Segunda Guerra Mundial. El régimen fascista hizo esfuerzos por controlar a las colectividades de italianos en el exterior y para transformarlas en instrumento de política exterior de Roma, así como de difusión de su ideología. La propaganda oficial resaltaba lo que se consideraba una conquista del régimen, o sea la capacidad de poner en contacto a los emigrados y a sus hijos con la madre patria. Sin embargo, entre los mismos propagandistas se reconocía que sin nuevos flujos migratorios y considerando la rápida integración de los emigrados, la batalla por la conservación de la italianidad entre los emigrados estaba perdida. Se preguntaban si valía la pena mandar afuera a gente que se integraba rápidamente, al cabo de una generación, como 151

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