El Perú y la Primera Guerra Mundial

y militares; en cierto modo se trataba de sacar provecho del poderoso e incontenible flujo migratorio que se dirigía a países relativamente despoblados, como América del Sur y América del Norte. El «problema migratorio» estuvo al centro de un gran debate, que miraba a la posibilidad de utilizar a los emigrantes como instrumento de política exterior y del poder de la nación. Muchos veían, con preocupación, cómo Italia se «desangraba» en una gran masa que iba a fortalecer capacidades productivas de otras naciones. En esos años se discutió la posibilidad de aprovechar la masiva emigración en Argentina y el sur del Brasil para la creación de una zona de influencia italiana en esos países. En debate se contraponían los defensores del «imperialismo clásico» y los defensores de la tesis de la «libre colonización» en las Américas (Bertonha, 2001). Los nacionalistas eran proclives a la teoría del imperialismo clásico y se oponían a la idea de la libre colonización en América Latina. Hay que tener en cuenta que los nacionalistas no se oponían a la emigración, la veían como algo negativo para Italia pero inevitable; más bien incidían en la necesidad de utilizar el flujo migratorio para provecho de los intereses nacionales italianos, sin excluir la necesidad de ocupación de territorios en una lógica de expansión imperialista. Se difundió la idea de que los emigrantes habían iniciado un nuevo tipo de imperialismo e Italia debía sacar provecho de tal situación (Franzina, 1994). Esa ventaja se podía concretar solo si la emigración se transformaba en arma de conquista o por lo menos en expansión de la influencia italiana en el mundo. Esta situación suponía el mantenimiento de la «italianidad» de los emigrantes y de sus hijos, así como fortalecer la capacidad de «disciplinar» a los emigrados por parte del Estado. Sin la tutela sobre los emigrantes, la emigración sería una inútil salida de fuerzas nacionales y no habría servido para la expansión italiana en el mundo. El debate que se dio a inicios del siglo XX fue el antecedente de la política implementada posteriormente por el régimen fascista en relación con la migración. En efecto, el fascismo hizo suyas las ideas de los nacionalistas italianos de inicios del siglo XX. De ahí que la política que se implementó respecto a la migración tuvo como elemento central la consideración que la emigración debía ser un instrumento para elevar el prestigio y el desarrollo de Italia. Se pretendía superar la falta de iniciativas del periodo liberal (hasta inicios del siglo XX), durante el cual la emigración se desenvolvió espontáneamente. La nueva política aceptaba 150

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