nuestra tierra […] Nos estábamos rápidamente acercando al Perú, la emoción de volver a ver a mis tíos, los amigos, las viejas calles del «cercado», me produjo un estremecimiento a las rodillas. ¿Qué era esta ansia que me cerraba la garganta?; había apenas dejado mi familia, el país más lindo del mundo, pero esta tierra, que habría pisado de nuevo, era la tierra donde había nacido, que me había visto crecer. Al momento de desembarcar, Policario vio que Ángela se había puesto un vestido azul y un sombrero blanco. La vio dirigirse hacia un hombre vestido de negro y con un sombrero en la mano. Comprendió que los colores de esos vestidos eran la señal por la que se reconocían los nuevos esposos. También vio a topolino bajar del barco llevando a su hermana menor de la mano y apuntó en su diario: «espero que el Perú sea más generoso que Italia con ese niño». De nuevo en Lima, Policario retomó el negocio familiar, junto a su tío materno, Giovanni, con quien conversaba largamente, no solo de negocios sino de la historia familiar. Escribió en su diario los recuerdos que su tío le contaba, de sus andanzas por los puertos del Mediterráneo y de cómo fue el viaje que lo había llevado al Perú. Estos apuntes son un testimonio muy importante, pues pocas veces se ha escrito sobre las duras condiciones de los que viajaban en los veleros que cruzaban el Cabo de Hornos, sobre todo para los viajeros de segunda y tercera clase (estos últimos veían el mar solo en contadas ocasiones). Las páginas del diario de Policario merecen un análisis en mayor profundidad del que hacemos en este breve resumen. Desde entonces Policario vivía a la espera de un retorno definitivo a Riva. La correspondencia con su familia era intensa, en cada barco llegaban noticias y cartas. A través de la correspondencia el padre de Policario seguía dando indicaciones sobre cómo conducir el negocio en Lima. En esa época no se hablaba todavía de «globalización», pero la empresa de los Zolezzi era una transnacional en miniatura, típica de los negocios establecidos por genoveses en toda América Latina desde fines del siglo XIX. En 1908 ocurrió un hecho que trastocó la vida de la familia Zolezzi: falleció el padre de Policario, quien se vio precisado a acudir al lado de su madre. De nuevo en Italia, en reunión familiar, los Zolezzi decidieron liquidar el negocio en Lima y que Policario se trasladara definitivamente a Riva, para asumir el rol de «hombre de la familia», que le correspondía por ser el mayor de los hermanos. Una vez más, se expresaba así la sujeción de 144
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