El Perú y la Primera Guerra Mundial

En realidad pudo conocer a la que denominaba la «gran tribu» de los Zolezzi en Riva, compuesta por varios «americanos». Allí se encontraba también su tío Agostino, quien había sido el iniciador de la cadena migratoria de los Zolezzi hacia el Perú y que había retornado a su pueblo natal. El regreso de una parte de los Zolezzi obedecía a una estrategia familiar en la cual, como hemos visto, las mujeres tenían un rol decisivo. Al mismo tiempo, estaba relacionado con la posibilidad de invertir los ahorros logrados luego de años de esforzado trabajo, que eran destinados a la construcción de casas y en propiedades agrícolas. El retorno, que es el anhelo inicial de todo migrante, se cumplía en aquellos casos de éxito económico, además de la posibilidad de reinserción en el lugar de origen. Pero sobre todo, el retorno se daba cuando la familia «llamaba» a los que habían partido. Es que en la migración italiana de la época el sujeto migratorio no eran los individuos, sino las familias. Eran estas las que decidían sobre el destino de los individuos. Se trataba de un verdadero mecanismo de sujeción, como veremos a lo largo del recuento del diario de Policario, quien fue en realidad un hombre sujeto a decisiones familiares. En esos años los individuos estaban sujetos a dos instituciones: la familia y el Estado, como veremos más adelante en el diario de Policario. En la cultura de los italianos del siglo XIX la libertad individual casi no existía. Uno de los efectos de la Primera Guerra Mundial fue el aumento de la libertad de los individuos, rasgo típico del siglo XX. Luego de permanecer unos meses en Riva, Policario emprendió el viaje de retorno al Perú, junto a su amigo Juan Devoto. Sus parientes les dieron numerosos encargos para llevar a Lima, también les encargaron que acompañaran a una joven del lugar, que viajaba a Lima en el mismo barco, para casarse con un paisano residente en Lima y que la había pedido en matrimonio. Policario comenta en su diario: Se usaba que los emigrantes casaran con mujeres italianas, de preferencia del pueblo de origen. Si eran primas o parientes, tanto mejor. De este modo aseguraban una mujer fiel, sometida al esposo y, un hecho muy importante a considerar, el patrimonio se mantenía al interior de la familia […] También algunos viudos, que habían perdido su primera mujer, agotada luego de tantos partos y por la dura vida laboral de los primeros emigrantes, cuando alcanzaban cierto bienestar económico, se permitían una segunda esposa, joven, y que posiblemente habían escogido mirando una fotografía. Ángela, así se llamaba la joven que partía para casarse, era la mayor de tres hermanos. Su padre había emigrado a América del norte pero había 142

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