La historia migratoria de la familia de Policario se remonta a la primera mitad del siglo XIX. Se trata de una típica familia de la población costera de Riva Trigoso, en la provincia de Génova. Desde allí se reclutaban tripulantes para trabajar en los veleros dirigidos a América del sur, atraídos por la bonanza económica y comercial generada por el boom del guano. Uno de los primeros pobladores de Riva Trigoso en llegar al Perú fue Agostino Zolezzi, quien había nacido en 1834. La expansión del negocio de Agostino le permitió «llamar» a varios de sus hermanos. Es así que llegaron Giobatta y Lorenzo. Cada uno de ellos tenía un sobrenombre para distinguirlo de los homónimos que había tanto en Riva como en Lima. Lo interesante de este caso es que el padre de los hermanos Zolezzi se encargaba de conseguir esposas para sus hijos. Es así que, en 1873, el patriarca de la familia comprometió a la joven Filomena Ghio, de 16 años, para que se casara con su hijo Giobatta, que estaba en Lima y deseaba contraer matrimonio. Filomena debió esperar dos años, para que Giobatta llegara desde Lima a Riva, para «aprobar» la decisión tomada por sus padres. Filomena era una linda joven, de largo pelo negro atado con trenzas alrededor de la cabeza, tenía un aspecto decidido y firme; sus camisas tenían cuellos tejidos por ella misma, signo de laboriosidad y capacidad. Por su parte, Giobatta era considerado un buen joven casadero; era uno de los pocos jóvenes que hablaba y escribía italiano y español, sin duda condiciones que habían favorecido el éxito de su negocio en Lima. Los jóvenes se gustaron y prepararon el matrimonio, que se llevó a cabo en Riva, luego de lo cual la joven pareja se dirigió al Perú, para seguir con el negocio familiar. Antes de partir para el Perú con su esposa, Giobatta Zolezzi invitó al menor de sus cuñados, Giovanni Ghio, a que fuera al Perú, donde le aseguraba un trabajo seguro y alojamiento. La motivación de Giovanni Ghio para migrar no era tanto producto de una situación de pobreza, sino del hecho de que no había empleo para él en la empresa familiar. Su padre era propietario de pequeñas embarcaciones a vela con las que hacía comercio de cabotaje entre distintos puertos de Liguria y del Mediterráneo (entonces no había carreteras y la navegación era la única forma de conexión: no es una casualidad que esa fuese la misma situación que se daba en los puertos peruanos de entonces). Desde los trece años, Giovanni trabajó como mozo a bordo de esas embarcaciones. Durante el invierno hacían viajes a la isla Elba, para cargar vino; a veces iban también a la isla de Cerdeña, donde embarcaban queso «pecorino»; también viajaban hasta 140
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