El Perú y la Primera Guerra Mundial

diplomáticas de Bismarck, a menudo secretas, que dependían de su intervención personal y de continuas gestiones diplomáticas y ajustes periódicos sobre la base de los intereses de las potencias. El nuevo equilibrio europeo, posterior a la unificación alemana, careció de los cimientos morales del sistema de 1814, pues se asentó sobre intereses cada vez más difíciles de conciliar. Cuando Bismarck dejó el gobierno en 1890, tras la asunción de Guillermo II como káiser, el nuevo régimen no mantuvo la actitud prudente de buscar la recuperación del equilibrio de poder en Europa, sino que optó por reclamar un lugar de mayor importancia, acorde a cómo percibía su propio poder en ascenso. Ello empujó progresivamente a París y San Petersburgo a un entendimiento, una entente, sobre sus propias ambiciones: recuperar Alsacia y Lorena, en el caso francés, y expandirse en Europa oriental, en el caso ruso. Si bien las diferencias ideológicas entre una Francia burguesa y liberal y el régimen zarista reaccionario demoraron el acercamiento, la política exterior agresiva de Guillermo II, el emperador de Alemania, llevaron al establecimiento de una entente rusofrancesa en 1894 (Kennedy, 1988, p. 250). De este modo, teniendo en cuenta que el Reino Unido mantenía su política de «espléndido aislamiento» frente a los asuntos continentales europeos, se habían formado dos parejas de potencias que se contrapesaban recíprocamente. Partiendo de la percepción de que Francia y Alemania tenían intereses nacionales incompatibles, por las razones expuestas al inicio de esta sección, para fines del siglo XIX el Reino Unido mantenía su independencia; es así que se volvió un asunto imperioso para las duplas continentales que ello se mantuviera así o, mejor aún, que Londres se incorporara a una de las dos alianzas. La posición inglesa en el sistema europeo era sumamente ambigua, a caballo entre seguir siendo el fiel de la balanza entre las dos coaliciones y mantener su vinculación flexible con Francia y Rusia. Es sostenible que la demora en la definición de su alineamiento con las potencias continentales dificultó su intención de contener a Alemania y Rusia en julio de 1914. Es pertinente aclarar que, en términos generales, las ententes —«entendimiento» en francés— no establecían obligaciones internacionales, sino que tenían un carácter político, por lo que se parecen más a los memorandos de entendimiento contemporáneos. Se distinguían de los tratados, acuerdos que por su naturaleza incorporan derechos y obligaciones para las partes. De hecho, las ententes se formalizaban 13

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx