El Perú y la Primera Guerra Mundial

norteamericana y entregado al gobierno peruano para atender sus necesidades de transporte de trigo. El contrato, que obviamente fue la motivación para la expropiación de las naves, mostró la creciente influencia norteamericana en el Perú, pero también fue una solución a la crisis de bodegas que se vivía justamente a causa de la guerra, pues permitía a nuestro país disponer de tres de los vapores para atender las necesidades de nuestro comercio exterior (De Lavalle, 1919, pp. 407-425). En setiembre, el remolcador norteamericano Culebra llevó a Panamá al Sierra Córdoba y Rhakotis, y en octubre trajo de Mollendo a las dos naves que se encontraban en ese puerto; luego zarparon con el Anubis, Luxor y Uarda al remolque, también hacia Panamá143. Mientras eran reactivados, los vapores cambiaron de nombre: Callao (exSierra Córdoba), Paita (ex-Anubis), Pisco (ex-Luxor), Eten (ex-Rhakotis) y Salaverry (ex-Uarda). Los dos primeros sirvieron brevemente en la marina norteamericana y en diciembre de 1920, cuando el contrato fue resuelto, el Callao fue comprado por la Shipping Board y se le cambió de nombre a Ruth Alexander. Por su parte, el gobierno peruano le traspasó el Salaverry y el Pisco, que se encontraban en poder y uso del gobierno francés como compensación de guerra; y la empresa norteamericana renunció a todo derecho sobre los vapores Paita y Marie, así como sobre los cuatro veleros, y se comprometió a entregar el vapor Eten en un puerto atlántico de Estados Unidos. Entre enero de 1920 y abril de 1921 los tres vapores que quedaron en manos peruanas fueron entregados en administración a la Compañía Peruana de Vapores, que los adquirió en noviembre de este mismo año. Es necesario precisar que para entonces el Marie había pasado a denominarse Perené. A principios de 1925, tanto el Eten como el Paita, renombrados Rímac y Apurímac, respectivamente, fueron transferidos temporalmente a la Armada (Garaycochea, 1928, t. I, pp. 112-114, 404-406 y 505-507; t. II, pp. 89-90, 298-301; t. IV, pp. 271 y 756). En cuanto a los veleros, la Hebe fue transferida a la Armada en noviembre de 1922 y tuvo como contramaestre a Dueñas hasta 1929, mientras que los otros tres fueron asignados a la Compañía Administradora del Guano en enero de 1924, a la cual sirvieron por más de tres décadas (Compañía Administradora del Guano, 1924, pp. xviii-xix; Garaycochea, 1928 t. II, pp. 694-698; Castro de Mendoza, 1980, II, pp. 81-82). Finalmente, las seis lanchas incautadas a la Roland Linie le fueron devueltas en junio de 1920 (Garaycochea, 1928, t. I, pp. 299-300). 127

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx