El Perú y la Primera Guerra Mundial

La situación de las naves alemanas cambió radicalmente en setiembre de 1917. Ante el cariz que iban tomando las negociaciones entre el gobierno peruano y el alemán por el hundimiento de la Lorton, los armadores alemanes instruyeron a sus capitanes para que inutilizaran sus respectivas naves, para evitar así su uso por el Perú en caso de llegar a la ruptura de hostilidades. Esto fue notado por el bote que cubría guardia en la bahía. En consecuencia, a las 6 de la tarde del 29 de setiembre 170 marinos peruanos tomaron posesión de las naves y confinaron a sus tripulaciones a sus respectivos alojamientos. Una medida similar fue tomada en Mollendo con el vapor Uarda y la barca Hebe141. Poco después, el 3 de octubre, algunos tripulantes fueron desembarcados y puestos a disposición del juez del Crimen por considerarse que la inutilización de las naves constituía un delito. Sin embargo, estas medidas no evitaron que se produjeran continuos incidentes con el personal asignado a vigilarlas (De Lavalle, 1919, pp. 377-384)142. Ese fue el primer paso para la expropiación de las naves y de las lanchas de la Roland Linie, proceso que avanzó en enero de 1918 cuando se aprobó una norma que permitía al Poder Ejecutivo tomar posesión, cuando las circunstancias lo exigiesen, de los elementos de transporte, marítimo o fluvial y de los almacenes indispensables, a su juicio, para atender al abastecimiento público de productos y materias primas que se requirieran para la subsistencia y la industria. Ese mismo mes las seis lanchas de la Roland Linie fueron expropiadas y en junio se dio un paso más al disponerse la tasación de las naves, proceso en el que se negaron a participar los representantes de las compañías alemanas (De Lavalle, 1919, pp. 385-398). Concluida la tasación, el 5 de setiembre de 1918 se produjo la expropiación con el depósito de 549 098 libras peruanas en la Caja de Consignaciones. Naturalmente, las navieras afectadas protestaron, al igual que el gobierno alemán, representado por la legación española, lo cual dio origen a una reclamación que se vería en el campo diplomático (De Lavalle, 1919, pp. 403). Al día siguiente de esta medida se aprobó una ley que autorizaba al Ejecutivo a arrendar dichas naves, con opción de venta al final de la guerra, a la Shipping Board Emergency Fleet Corporation, entidad que actuaba a nombre del gobierno norteamericano para asegurar la capacidad de bodega necesaria para su esfuerzo militar y comercio en general. Como parte del contrato, el vapor Marie debía ser reparado por la referida entidad 126

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